Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Akwaeke Emezi, artista visual y escritore

Akwaeke Emezi, artista visual y escritore
Imagen: National Book Foundation en Wikimedia Commons

Les ogbanjes, para los igbo (la etnia paterna de Emezi), o abikus, para los yoruba, son criaturas que nacen, mueren y renacen en la misma familia una y otra vez, para desesperación de sus progenitores.

Akwaeke Emezi (Umuahia, Nigeria, 6 de junio de 1987) es une artista visual y escritore, residente en los Estados Unidos, y considerade por la revista Times como une de les líderes de la próxima generación. Su fulgurante carrera se inició con la novela autobiográfica Freshwater (2018), traducida al español como Agua dulce (2021),[1] y receptora de los premios The Otherwise Award e Ilube Nommo Award. La prensa literaria y la crítica acogieron también esta obra con extraordinario entusiasmo, siendo declarada por la prestigiosa revista The New Yorker como mejor novela del año 2018. Sus siguientes trabajos, la ficción para jóvenes Pet (2019), el libro de memorias Dear Senthuran (2021) y la novela The Death of Vivek Oji (2021), recibieron también numerosos reconocimientos y galardones, catapultando la carrera literaria y mediática de Emezi en un tiempo récord. Tres nuevas obras están anunciadas para su publicación a lo largo de 2022: Bitter, una secuela de Pet; Your Made A Fool of Death With Your Beauty, tercera novela para adultos, y su primera colección de poesía Content Warning: Everything. Freshwater y You Made A Fool of Death With Your Beauty están siendo producidas como series para la televisión por FX y Amazon respectivamente. Los trabajos videoartísticos de Emezi comprenden hasta la fecha “Waiting All Night” (2014), “Hey Celestial” (2014), “Ududeagu” (2014), “Nine Thousand Nine Hundred and Ninety-Nine Black Jabs”(2016),»This World Has Killed Me» (2017), “Take The Mark” (2017) y “Bath Me In Blood” (2020). De acuerdo con la página personal de Emezi, “su práctica artística responde a la metafísica del espíritu negro y utiliza el vídeo, la performance, la escritura y la escultura para crear rituales que procesen su encarnación como entidad no-humana/ogbanje/criatura divina”.

Les ogbanjes, para los igbo (la etnia paterna de Emezi), o abikus, para los yoruba, son criaturas que nacen, mueren y renacen en la misma familia una y otra vez, para desesperación de sus progenitores. Tanto en la literatura como en el ámbito de la psicología, la psiquiatría o la antropología, les ogbanjes han sido figuras recurrentes. En el ámbito literario, podemos mencionar la presencia de ogbanjes en obras que abarcan desde Todo se desmorona (1958), de Chinua Achebe, hasta La carretera hambrienta (1983), de Ben Okri, o Icarus Girl (2005), de Helen Oyeyemi. Fuera de lo literario, Chinwe Achebe publicó un trabajo pionero, The World of Ogbanje, en 1986,[2] y numerosos artículos y libros han tratado el tema desde entonces en el marco de diferentes disciplinas. De acuerdo con la crítica Chikwenje Okonjo Ogunyemi, en la onto-epistemología igbo “ogbanje se refiere al iconoclasta, al que va y viene entre distintos dominios de la existencia, siempre deseando un lugar diferente a aquel en el que se encuentra. También se refiere a la condición mística e inestable de existir simultáneamente en diferentes esferas. Conceptualmente, el poder inherente al ogbanje borra las fronteras naturales y artificiales destinadas a demarcar el cosmos […]. La mística del viajero en el tiempo y en el espacio, que trasciende las limitaciones humanas, se presenta como el símbolo último de la liberación. Cruzando barreras que se intersecan con otras, el ogbanje abre el cosmos y ofrece un atisbo sobre las diferentes posibilidades de ser” (62).[3] Misty Bastian, por su parte, argumenta que “ser un ogbanje es ser caracterizado como otro, y actualizar la alteridad en términos que trascienden la otredad más corriente y bifurcada del género. Este otro género está marcado desde el nacimiento -del mismo modo en que están marcados los estatus de masculino y femenino- por comportamientos especiales y formas de adornar al bebé. La apariencia sexual del ogbanje puede, de hecho, verse como engañosa, otra promesa que probablemente el ogbanje romperá en su negativa a actuar de acuerdo con normas humanas” (11).[4]

La obra y la persona de Emezi, particularmente Agua dulce y Dear Senthuran, como narrativas autobiográficas, entrelazan la figura del ogbanje con el discurso occidental sobre lo trans* y el género no binario,[5] forjando así una subjetividad y una corporeidad que solo son vivibles e inteligibles en el espacio fluido, pero culturalmente arraigado, de la diáspora negra, o en los “espacios liminales” que elle afirma habitar, incluyendo redes sociales como Twitter o Instagram. La legislación nigeriana en materia de derechos LGTBI es notablemente restrictiva y punitiva,[6] mientras que desde el lenguaje psicológico-psiquiátrico occidental la condición de ogbanje solo puede explicarse en términos de trastorno mental o disociación de la personalidad.[7] Agua dulce y Dear Senthuran trascienden y subvierten los discursos patologizantes ligados tanto a la transexualidad como a la posesión espiritual o la multiplicidad del “yo” mediante su recurso a la metafísica igbo, de cuya invalidación Emezi hace responsable a la cristianización y a la colonización epistémica del continente africano. Emezi subraya tanto la condición sexualmente neutra de les ogbanjes como su imposibilidad para reproducirse, puesto que no proceden de ningún linaje humano sino del mundo de los espíritus, como condiciones determinantes de su propia opción por transformar su cuerpo “más allá de los conceptos inadecuados de la feminidad y la masculinidad” mediante una mastectomía y una histerectomía. Pero simultáneamente a su reconfiguración del ogbanje, Emezi también complica el relato transnormativo del “cuerpo equivocado” y del tránsito entre géneros bien delimitados para señalar que sus modificaciones corporales (cicatrices, tatuajes y cirugías) son una transición entre un cuerpo asignado como femenino en su nacimiento a su auto asignación como ogbanje, espíritu fatalmente encarnado en forma humana. Dualidades profundamente arraigadas en el pensamiento occidental (cuerpo/espíritu, yo/otro o macho/hembra) se invalidan y se cancelan recíprocamente en la obra y en la figura pública de Emezi, que se refiere a sí misme con el pronombre singular they (elle). En sus propias palabras, “la posibilidad de que yo fuera obganje se me presentó tiempo antes de escribir Agua dulce, más o menos cuando empecé a llamarme a mí misme trans, pero me llevó un tiempo hacer coincidir y conectar los dos mundos. Lo suprimí durante varios años porque la mayor parte de mi educación había sido en ciencias y todo estaba occidentalizado; me resultaba difícil considerar que el mundo espiritual igbo era igualmente, si no más válido, [que el occidental]. El legado del colonialismo siempre nos ha enseñado que ese mundo no es real, que solo es vudú y superstición (Dear Senthuran,16).

Por otra parte, su filiación e identificación con la diosa Ala, la suprema deidad de la tierra en la cosmogonía igbo, y con su avatar, la serpiente pitón, sitúan la subjetividad que Emezi proyecta en sus textos y en sus producciones visuales en el ámbito de los discursos contemporáneos sobre las “tranimalidades”, figuraciones poshumanistas de los solapamientos entre lo trans* y lo animal que dan pie a nuevas configuraciones identitarias: “Tranimalidades es un neologismo que surge de la palabra tranimal (trans y animal). En los estudios trans, palabras como ‘tranimal’ y ‘tranimalidad’ se han convertido en formas de describir las relaciones entre animales humanos y no humanos, la corporeidad trans, y cuestiones relativas a la agencia” (De Line, 100).[8] Como bildungsroman, Agua dulce llega a su punto culminante en la frase que cierra la novela, y que supone la fusión absoluta entre la diosa Ala y su encarnación en Emezi: “Soy el origen del manantial. Toda el agua dulce mana de mi boca” (237).

Si Agua dulce y Dear Senthuran responden a una voluntad de desenmascaramiento y autorrevelación por parte de Emezi, The Death of Vivek Oji explora las posibilidades y los límites de las identidades sexuales y de género no normativas en el contexto específico de su Nigeria natal. Al igual que Agua dulce, esta obra utiliza una multiplicidad de voces narrativas para, en este caso, esclarecer los acontecimientos que rodean la anunciada muerte del/la protagonista, Vivek/Nnemdi. La crítica Emilia María Durán Almarza define la novela como “una actualización feminista del African noir” (1).[9] La aparición del cadáver del joven Vivek desnudo en la puerta de la casa familiar empujará a su madre, Kavita, a una desesperada búsqueda de respuestas entre sus amistades, que conducirá finalmente al descubrimiento de que Vivek lleva tiempo asumiendo, a espaldas de sus progenitores, una identidad femenina. Identificade con su abuela paterna, que muere el mismo día en que elle nace, y con la que comparte una cicatriz en forma de estrella de mar, Vivek/Nnemdi vive una doble vida no solo en términos de su ambivalencia de género, sino como reencarnación de su abuela y como espíritu que, desde más allá de la muerte, añade matices y modula la historia relatada por su primo y amante, Osita, y por un narrador omnisciente. En el contexto de una sociedad profundamente homofóbica y transfóbica, sacudida por constantes brotes de violencia militar y civil, un crimen de odio sería la explicación más obvia para la muerte del protagonista, aunque la resolución del misterio no será tan evidente. Pero en último término, y de nuevo según Durán Almarza, la novela abre posibilidades que trascienden “las filosofías de la exclusión, como las necropolíticas o la casi-vida” para dar cuenta de “zonas alternativas en las que el ser trans puede emerger creativamente bajo condiciones de dureza imposibles” (16). La obra, dedicada a todas las personas queer y de género fluido en Nigeria, y especialmente a les activistes, es consecuente con la vocación de Emezi de revolucionar la sociedad a través de la narrativa para crear futuros posibles, como afirma en la entrevista concedida a la revista Time en mayo de 2021.[10]

Pet, novela escrita para un público adolescente, tiene como protagonista a Jam, una niña trans creciendo felizmente en el espacio utópico/distópico de una ciudad llamada Lucille, que ha conseguido liberarse, aparentemente, del acecho de los monstruos tras una revolución liderada por los ángeles en un pasado cercano que sus habitantes prefieren olvidar. Pero cuando un ser de apariencia monstruosa emerge de una de las pinturas de su madre, parece que los terrores del pasado vuelven a amenazar la ciudad, y en particular a la familia de Redemption, el mejor amigo de Jam. No obstante, en Lucille, como en el mundo real, las apariencias pueden ser engañosas, y no es tan sencillo establecer la diferencia entre monstruos y ángeles: los monstruos pueden asumir el aspecto de lo familiar e íntimo, y los ángeles pueden presentarse como aterradores justicieros. La novela es una invitación a examinar el mundo con honestidad, por dura que resulte la revelación de la verdad, y un canto al amor, la amistad y la empatía.

Emezi tiene ya, sin lugar a dudas, una autoridad literaria y una voz radicalmente distintivas en el ámbito de la literatura africana, afrodiaspórica y universal/global. Solo cabe estar pendientes de sus logros futuros y de su meteórica trayectoria, decididamente post- y trans*humanista, que continuará inspirándonos para hacer reales mundos adumbrados por su inmenso poder espiritual.

Enlace a la página personal de Akwaeke Emezi: https://www.akwaeke.com/


[1] Emezi, Akwaeke (2018) Freshwater. New York: Grove Press. (Trad. de Arrate Hidalgo. Agua Dulce. Bilbao: consonni, 2021).

—–. (2019) Pet.  New York: Faber & Faber

—–. (2021) Dear Senthuran. New York: Faber & Faber.

—–. (2021) The Death of Vivek Oji. New York: Random House.

[2] Achebe, Chinwe (1986) The World of the Ogbanje. Fourth Dimension Publishers.

[3] Ogunyemi, Chikwenye O. (1996) Africa Wo/Man Palava. Chicago: The University of Chicago Press.

[4] Bastian, Misty (2002) “Irregular Visitors: Narratives about Ogbaanje (Spirit Children) in Nigerian Popular Writing.” Readings in African Popular Fiction, ed. Stephanie Newell. London: IAI/James Currey.

[5] “En los últimos años, el término trans* con un asterisco viene utilizándose como forma de rechazo a los términos derivados de la patologización y el discurso médico, con el fin de subrayar en el marco de luchas comunes las múltiples identidades y expresiones de género, el inacabable trabajo combinatorio del prefijo trans-, el reconocimiento de la multiplicidad de posibles interpretaciones de lo que significa ser trans. El asterisco enfatiza la heterogeneidad de los cuerpos, las identidades y las experiencias que se dan en relación al prefijo trans- en el sentido de “por encima”, “a través de” o “más allá” del binarismo de género socialmente impuesto. Estos significados presuponen ya la inclusión de varios puntos de referencia, de cruce, de tránsito y también de estar en el medio, ni aquí ni allí, aquí y allá al mismo tiempo. Mediante la creación de nuevos códigos en el acto de reexistencia, los sujetos decoloniales cuestionan e intervienen continuamente en las lógicas modernas y coloniales de nombrar y categorizar, de resistir, de apropiarse creativamente, de traducir, de transformar y de reutilizar críticamente los conceptos creando un corte en el flujo de producción del conocimiento y luchando contra las violencias coloniales” (Kancler, Tjaša. “Body-politics, Trans* Imaginary and Decoloniality”, disponible en https://www.academia.edu/31557368/Body_politics_Trans_Imaginary_and_Decoloniality [página visitada 23/7/2021], p. 10).

[6] Véase el documento Human Rights Situation for Lesbian, Gay, Bisexual and Transgender (LGBT) Persons and Sexual Rights in Nigeria, https://tbinternet.ohchr.org/Treaties/CCPR/Shared%20Documents/NGA/INT_CCPR_CSS_NGA_35448_E.pdf [Página visitada el 15/8/2021]

[7] Véase, p.e., Ilechukwu, Sunday T. C. (2007) “Ogbanje/abiku and cultural conceptualizations of psychopathology in Nigeria”, disponible en https://www.researchgate.net/publication/229053521_Ogbanjeabiku_and_cultural_conceptualizations_of_psychopathology_in_Nigeria [página visitada 3/8/2021].

[8] Line, Sebastian De. “A Generous and Troubled Chthulucene: Contemplating Indigenous and Tranimal Relations in (Un)settled Worldings”, disponible en http://gjss.org/sites/default/files/issues/chapters/papers/GJSS%20Vol%2014-2%206%20De%20Line.pdf [página visitada 5/8/2021].

[9] Durán Almarza (en prensa) “Unconfortable Truths: Queer Strangers and Gendered Necropolitics in Akwaeke Emezi’s The Death of Vivek Oji”.

[10] https://time.com/collection/next-generation-leaders/6047430/akwaeke-emezi-next-generation-leaders/?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=next-generation-leaders&utm_term=_&linkId=119933317 [página visitada 10/11/21]

Artículo redactado por Marta Sofía López Rodríguez.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

La brecha eléctrica de África

La escasa capacidad de generación eléctrica en un continente que crece aceleradamente es posiblemente el mayor desafío al que se