Innovar para mejorar la vida de la ciudadanía

Innovar para mejorar la vida de la ciudadanía
Imagen: Lagos Techie en Unsplash
Carlos Bajo Erro

Carlos Bajo Erro

Periodista cofundador de Wiriko

Muchas de las personas emprendedoras innovadoras africanas que lanzan empresas innovadoras están, en realidad, cubriendo algunas de las necesidades que los Estados no garantizan

La media de la región de África subsahariana es de un médico por cada 5000 habitantes, cinco veces menos que lo que recomienda la OMS. Menos de la mitad de la población de la región tiene acceso a la electricidad, concretamente un 46,7 %. Casi un 66 % de las personas africanas de más de 15 años están alfabetizados. La pandemia ha dirigido los focos hacia las deficiencias de los servicios más básicos con las que convive una buena parte de la ciudadanía del continente africano. Paradójicamente, también ha permitido orientar la atención hacia el lugar desde el que puede venir la solución más inmediata a estos problemas: las empresas sociales apoyadas en la innovación tecnológica.

Lo explica claramente una experta en empresas emergentes como Mareme Dieng, responsable de innovación global y estrategia de 500 Global, una estructura de inversión vinculada a Silicon Valley: “Una de las virtudes de algunas de las startups africanas es que están cubriendo los servicios que los Estados no pueden garantizar a la ciudadanía”. Dieng compartía este análisis recientemente en el marco de Emerging Valley, un encuentro celebrado en Marsella y dirigido a poner en relación a las empresas emergentes africanas y europeas. En ese mismo contexto se ponía en valor el potencial de este sector innovador como motor económico, pero también su aportación social. La sanidad, la educación o el acceso a la energía son algunos de los espacios de sombra de las necesidades básicas, pero también se podría hablar, por ejemplo, del empleo, del transporte o de la distribución de paquetes. Si este ecosistema de las empresas innovadoras ha llamado la atención de los inversores de todo el mundo, ha sido, precisamente, porque da respuesta a necesidades fundamentales y, por tanto, tiene un enorme mercado potencial ante sí.

Las iniciativas con voluntad social presentan un enfoque diferente al de las empresas con vocación lucrativa. “Estamos obligados a escuchar mucho más a nuestros clientes, a tener en cuenta, por ejemplo, su poder adquisitivo y a adaptar los productos. Cuando las soluciones que diseñas se implantan, tienen que generar beneficios, evidentemente, para que la empresa sea sostenible, pero hay que adecuar a los destinatarios el precio, el embalaje o la logística…”, explica Yvon Koudam. Este joven togolés es el fundador de Kondjigbalé, una startup que opera en el ámbito de la asistencia médica. La plataforma ofrece, por una parte, a los médicos, recursos para mejorar los diagnósticos y, por otra, una solución para que los pacientes lleven consigo su historial médico, además de teleconsultas o facilidades para encargar medicamentos. Los servicios de Kondjigbalé se prestan a través de diferentes soportes para lograr esa adaptación de la que habla Koudam, una plataforma web, una aplicación para teléfonos inteligentes, un canal USSD (el sistema adecuado para los teléfonos móviles básicos), un centro de atención telefónica en lenguas locales o un sistema de comunicación por SMS.

Habitualmente, el sector de las fintech, las soluciones tecnológicas relacionadas con el mundo de las finanzas, ha atraído las grandes inversiones y la atención mediática sobre el ecosistema de las empresas emergentes. Sin embargo, otros ámbitos del emprendimiento social y la innovación tecnológica han ido ganando terreno. La e-salud, fundamentalmente, en los dos últimos años, las edutech, las propuestas educativas basadas en desarrollos tecnológicos o las alternativas de movilidad y de transporte son algunos de los sectores que emergen con un claro componente de impacto social.

Las soluciones tecnológicas para aumentar el acceso a la educación o reforzar los currículum pedagógicos se despliegan por todo el continente y se orientan a todos los niveles educativos. Solo a modo de muestra, desde Uganda, Kaino ofrece todo un programa pedagógico para introducir un aprendizaje amable de las ciencias en la primera infancia, mientras que Etudesk es una iniciativa orientada a la educación superior para intentar encontrar una solución a la falta de plazas en las universidades africanas. Basada en Costa de Marfil, la empresa impulsada por Lamine Barro ofrece a estos centros de enseñanza superior las mejores condiciones para llevar sus clases al terreno digital. “Les acompañamos para mejorar la calidad pedagógica de formación y digitalizarla, les ofrecemos una plataforma que les permite difundir sus formaciones a gran escala y les ayudamos a buscar nuevos estudiantes”, explica Barro.

Más allá de la educación, el empleo es otro ámbito fundamental para el bien común y, a menudo, desatendido por los Estados. La empresa maliense Emploi et moi es un ejemplo de adaptación. Como explica su fundador, Mahamadou Sanogo, la plataforma web se plantea como un espacio de información y de intercambio entre empresas y buscadores de empleo. La iniciativa ofrece una aplicación móvil para la elaboración de currículum, que responde tanto a la poca familiaridad de los buscadores de trabajo maliense con estos documentos como a la mayor disponibilidad de teléfonos inteligentes que de ordenadores.

En todo caso, durante los últimos meses, la aportación más importante de este ecosistema africano de empresas sociales innovadoras se ha orientado al ámbito de la salud, desde todas las dimensiones posibles, lo que ofrece un abanico inmenso tanto de abordajes como de alcance de las iniciativas. Mientras que el ejemplo mencionado de Kondjigbalé intenta mejorar la calidad de la asistencia, a través de la disponibilidad de la información, empresas como la malgache Mtomady intentan expandir, precisamente, el acceso a los servicios de salud. Elsa Rajemison, impulsora de la iniciativa, asegura que un elevado porcentaje de africanos no tiene capacidad económica para asumir el coste de los cuidados de salud en caso de enfermedad. Por eso, Mtomady pone en relación a los pacientes, sobre todo de colectivos vulnerables, con mecanismos de financiación de la sanidad, ya sean programas públicos y privados de cobertura o diferentes tipos de donantes, a través de una plataforma vinculada a la telefonía móvil básica.

Algunas de las innovaciones de startups en el sector de la salud que han hecho fortuna en África, además, ofrecen inspiraciones en Europa en un momento de especial necesidad. Es el caso de Zipline, una empresa formalmente nacida en Estados Unidos, pero que ha desplegado todo su potencial en Ruanda. La buena disposición de las autoridades ruandesas ha permitido desarrollar a esta compañía de drones su dimensión de impacto social poniendo en marcha un enorme sistema de distribución de sangre para transfusiones y otros materiales médicos en los centros sanitarios del país de los Grandes Lagos. Esta experiencia se ha empleado para la entrega de vacunas contra la COVID-19 en Ruanda y en Ghana. Recientemente, un hospital privado marsellés ha puesto en marcha un proyecto de abastecimiento a través de drones, apoyado por la experiencia acumulada por Zipline en varios países africanos. En la misma línea de las aportaciones africanas, Samir Abdelkrim, un experto en el panorama de la innovación tecnológica africana, insiste recurrentemente en cómo la iniciativa ciudadana para hacer frente al primer impacto de la COVID-19, Frena la curva, se basó en la plataforma keniana Ushahidi. En un momento en el que la pandemia tenía noqueadas a las autoridades y a la población, Frena la curva recurrió a la innovación nacida en África oriental que favorece la recogida colaborativa de datos y la participación para articular la solidaridad popular.

Artículo redactado por Carlos Bajo Erro.

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