{"id":10800,"date":"2021-03-25T08:54:48","date_gmt":"2021-03-25T08:54:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.esafrica.es\/?p=10800"},"modified":"2025-09-18T10:59:09","modified_gmt":"2025-09-18T09:59:09","slug":"como-una-cena-de-despedida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.esafrica.es\/en\/musica-artes-africa\/como-una-cena-de-despedida\/","title":{"rendered":"Como una cena de despedida (1\u00aa parte)"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_10801\" aria-describedby=\"caption-attachment-10801\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-10801\" title=\"Seg\u00fan criterio de Dembo, contrariamente a una idea extendida, las redes sociales estaban mucho m\u00e1s al servicio de los designios de grupos al acecho en la oscuridad que al deseo de libertad de don Fulano de Tal. Imagen: Phillip en Flickr\" src=\"http:\/\/www.esafrica.es\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/Cena-de-despedida-300x225.jpg\" alt=\"Seg\u00fan criterio de Dembo, contrariamente a una idea extendida, las redes sociales estaban mucho m\u00e1s al servicio de los designios de grupos al acecho en la oscuridad que al deseo de libertad de don Fulano de Tal. Imagen: Phillip en Flickr\" width=\"300\" height=\"225\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-10801\" class=\"wp-caption-text\">Seg\u00fan criterio de Dembo, contrariamente a una idea extendida, las redes sociales estaban mucho m\u00e1s al servicio de los designios de grupos al acecho en la oscuridad que al deseo de libertad de don Fulano de Tal. Imagen: Phillip en Flickr<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>1.\u00a0<\/strong><em><strong>Lo que le hab\u00eda impresionado con frecuencia a Dembo es que nadie pod\u00eda pararle las patas a un taxista decidido a imponer su conversaci\u00f3n. De eso sab\u00eda \u00e9l la tira por haber intentado muchas veces, siempre en vano, ignorarlos.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Eran casi las dos de la tarde. Dembo Diatta hab\u00eda consagrado buena parte de la ma\u00f1ana haciendo meter en cajas numerosas obras sobre teatro compradas en la librer\u00eda a la que acud\u00eda regularmente con ocasi\u00f3n de sus breves y frecuentes estancias en Par\u00eds. Era el momento de regresar a su hotelito de la calle M\u00e9lusine, en el distrito once, y dudaba: \u00bftomar el autob\u00fas 84 o llamar a un taxi? Ten\u00eda a\u00fan un poco de dinero, pero adem\u00e1s de haber quedado citado a \u00faltima hora de la tarde con Chris y Muriel Carpentier, una pareja de amigos, Dembo comenzaba a sentirse cansado. Hay que decir tambi\u00e9n que acababa de encontrarse en un caf\u00e9 de la vecindad con un compa\u00f1ero de la facultad perdido de vista desde casi dos decenios.<\/p>\n<p>En la universidad de Dakar, Mambaye Ciss\u00e9 se hab\u00eda forjado, muy joven, una reputaci\u00f3n de matem\u00e1tico genial y se le auguraba una carrera cient\u00edfica fuera de lo com\u00fan con, como broche final, un teorema con su nombre o algo por el estilo. Mas la desgracia hab\u00eda debido de caerle encima sin anunciarlo porque, visiblemente, ya no andaba muy bien de la cabeza. Mal afeitado y con el rostro y el cuello con cicatrices, no le quedaba casi ni un solo diente; sus manos temblaban sin parar y su aliento apestaba a alcohol. Mostrando a Dembo Diatta bancos de peces en su iPad, hab\u00eda declarado:<\/p>\n<p>&#8211; Lo que ves aqu\u00ed es la famosa danza de amor de los meros moteados.<\/p>\n<p>Dembo hab\u00eda fruncido el ce\u00f1o y Mambaye hab\u00eda iniciado entonces la tarea de explicarle las im\u00e1genes pas\u00e1ndolas de una en una:<\/p>\n<p>&#8211; Sabes, Dembo, eso es el mayor misterio biol\u00f3gico de todos los tiempos. Cada a\u00f1o, exactamente a la misma fecha, esos meros convergen por centenares de miles en el archipi\u00e9lago de Tuamot\u00fa, en el atol\u00f3n de Fakarav\u00e1, y, all\u00ed, esperan la noche de luna llena para copular en masa. \u00a1En masa, hermano! Y no copulan m\u00e1s que en esa precisa noche.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, Mambaye hab\u00eda concluido su ch\u00e1chara con un enso\u00f1ador y triunfal: \u201c\u00a1Qu\u00e9 fuerte, eh, el instinto!\u201d.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber sido aturdido durante dos horas por palabras sin ton ni son, Dembo Diatta solo ten\u00eda ganas de recobrarse. Total, que nada de cargar con sus cajas de libros en los transportes p\u00fablicos, bus o metro, bajo la mirada burlona o irritada de los parisinos.<\/p>\n<p>De pie en la acera, marc\u00f3 el n\u00famero de una compa\u00f1\u00eda de taxis.<\/p>\n<p>Con algo de suerte, caer\u00eda con un buen \u201ctaximan\u201d. En la mente de Dembo eso quer\u00eda decir uno de esos taxistas llenos de guasa y de facundia, dispuestos a hacerle creer a cada cliente que \u00e9l era un viejo amigo al que no hab\u00eda que ocultar nada. \u00a1Ah! Eso s\u00ed, desde luego, le encantaba esa camarader\u00eda que brota de ning\u00fan sitio, entre un ef\u00edmero compa\u00f1ero de viaje y \u00e9l mismo. Record\u00f3 haberse arrancado, cierto d\u00eda, muy a su pesar, de su asiento en el momento de separarse de un \u201ctaximan\u201d que le hab\u00eda puesto el cr\u00e1neo patas arriba. Agarrado a su volante, el joven conductor escup\u00eda su veneno filos\u00f3fico a chorros, pero en unos t\u00e9rminos tan crudos y tan bien sentidos que Dembo Diatta, dramaturgo conocido \u2013 a falta de ser locamente talentoso, sea dicho sin maldad \u2013, acarici\u00f3 la idea de un sketch c\u00f3mico que intitular\u00eda <em>\u00a1Taximan, eres demasiado! <\/em>Su perlita teatral, pensaba, consistir\u00eda en una \u00e9pica traves\u00eda por la ciudad, a la vez alegre y vagamente desesperada, salpicada de cargas verbales asesinas contra, sin orden ni concierto, la chusma pol\u00edtica de su pa\u00eds, el n\u00famero 10 del equipo nacional de f\u00fatbol, experto, ese menda, en el arte de fallar los penaltis de la \u00faltima oportunidad y, por supuesto, los jueces loquinarios de la Corte Suprema Internacional.<\/p>\n<p>Lo que hab\u00eda impresionado a Dembo con frecuencia es que nadie pod\u00eda pararle las patas a un \u201ctaximan\u201d decidido a imponer su conversaci\u00f3n. Esos t\u00edos eran, a todas luces, demasiado fuertes, sencillamente, no era posible plantarles cara. De eso sab\u00eda \u00e9l la tira por haber intentado ignorarlos muchas veces, pero siempre en vano. Siguiendo un escenario casi inmutable, daba al principio cortas y secas respuestas a todas las preguntas del conductor, pero acababa pronto entregando las armas, excit\u00e1ndose a veces m\u00e1s de la cuenta.<\/p>\n<p>Gran viajero donde los hubiere y fino observador de las confusas megal\u00f3polis modernas, Dembo Diatta hab\u00eda notado, por otro lado, que tampoco se pod\u00eda hacer nada cuando, carcomido por no se sabe qu\u00e9 rabia \u00edntima, mal encarado, el t\u00edo decid\u00eda ignorarte, dejando muy claro que, calzado en el fondo de su taxi, no eras m\u00e1s que un vulgar paquete que \u00e9l ten\u00eda que transportar para poder llevar los garbanzos a casa. Dembo Diatta hab\u00eda intentado, varias veces, romper el hielo, a decir verdad, menos por inter\u00e9s que por confirmar sus audaces hip\u00f3tesis de investigaci\u00f3n a prop\u00f3sito de las costumbres de los \u201ctaximen\u201d en las ciudades superpobladas y al borde de la crisis de nervios. La cosa no hab\u00eda funcionado nunca. El otro permanec\u00eda de m\u00e1rmol con aspecto de gru\u00f1ir para su barba: \u201c<em>dale a la h\u00fameda, tipejo, no sabes cu\u00e1nto me interesas, pero \u00bfqu\u00e9 es lo que te puedes imaginar, que, con la vida arrastrada que llevo, voy, adem\u00e1s, a ponerme a hacer de buf\u00f3n para todos los gilipollas que entran en este buga?<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Y ese d\u00eda, 7 de enero de 2015, Dembo Diatta no hab\u00eda tenido mejor suerte.<\/p>\n<p>Pero no era un d\u00eda como los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A media ma\u00f1ana, dos j\u00f3venes, los hermanos Ch\u00e9rif y Sa\u00efd Kouachi, hab\u00edan irrumpido con sendos kalachnikov en los locales de <em>Charlie Hebdo<\/em> y ejecutado uno tras otro a una decena de periodistas. Dembo Diatta deb\u00eda ser sin duda una de las escasas personas en Par\u00eds, y tal vez en el mundo, que no estaba al corriente.<\/p>\n<p>Una extra\u00f1a jornada, realmente. La recordaba hasta en sus \u00ednfimos detalles.<\/p>\n<p>Instalado a penas en el taxi, un Volvo gris\u00e1ceo de formas redondeadas, oye la radio de abordo retomar, sin duda por la cent\u00e9sima vez, lo del atentado del n\u00famero 10 de la calle Nicolas-Appert. Con su voz entrecortada, los periodistas multiplican los interrogantes para mantener a la audiencia en vilo: \u00bfqui\u00e9n habr\u00eda podido montar el golpe? <em>\u00bfAl-Qaeda en la Pen\u00ednsula Ar\u00e1biga <\/em>o<em> El Estado isl\u00e1mico? <\/em>\u00bfEs cierto que Wolinski y Cabu est\u00e1n entre las v\u00edctimas? A pesar de su estupefacci\u00f3n, Dembo anota mentalmente que la muerte de esos dos c\u00e9lebres dibujantes vendr\u00eda a ser para todo el pa\u00eds algo as\u00ed como una circunstancia agravante, un duelo dentro del duelo, de cierta manera. Wolinski. Cabu. Sus nombres vuelven sin cesar y, aun sabiendo perfectamente que esa historia no es en el fondo suya, Dembo Diatta comprende y comparte la angustia ambiente. Es cierto que, al no haber vivido nunca en Francia, tampoco hab\u00eda tenido nunca un n\u00famero de <em>Charlie Hebdo<\/em> en sus manos. Sin embargo, hab\u00eda tropezado a menudo con las caricaturas de Cabu y de Wolinski en otros peri\u00f3dicos y siempre las hab\u00eda encontrado feroces y con una misteriosa ternura hacia aquellos que bosquejaban. Dembo Diatta no ten\u00eda ganas de saber que hab\u00edan sido abatidos fr\u00edamente. Eso hubiera sido como otros tantos disparos sobre las sonrisas y las aprobaciones admirativas con la cabeza que ellos hab\u00edan logrado arrancarle de tarde en tarde a lo largo de los a\u00f1os.<\/p>\n<p>En eso estaba con sus nost\u00e1lgicas cogitaciones cuando un reportero llam\u00f3 al estudio para hacer balance de los acontecimientos. Todo parec\u00eda ir muy deprisa y Dembo Diatta crey\u00f3 percibir un indefinible gozo, incluso, un intenso j\u00fabilo, en todos esos periodistas que se alternaban en la antena. Haber pensado eso le hizo sentir algo de verg\u00fcenza. Lejos de \u00e9l toda intenci\u00f3n de querer juzgar a nadie. \u201cPero, despu\u00e9s de todo, se dijo a s\u00ed mismo, los que tienen la suerte de sobrevivir a esas cat\u00e1strofes colectivas son rara vez tan desgraciados como intentan hacerlo creer\u201d.<\/p>\n<p>Por mucho que Dembo Diatta intentara guardar una distancia secretamente ir\u00f3nica con todo aquel ajetreo, lo cierto es que era una jornada especial. Y, mira por d\u00f3nde, el azar lo hab\u00eda ubicado en el coraz\u00f3n de esa historia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>2.\u00a0<\/strong><em><strong>Seg\u00fan criterio de Dembo, contrariamente a una idea extendida, las redes sociales estaban mucho m\u00e1s al servicio de los designios de grupos al acecho en la oscuridad que al deseo de libertad de don Fulano de Tal.<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Aunque no sol\u00eda tomar nunca la iniciativa de una conversaci\u00f3n con un desconocido, tuvo unas ganas irreprimibles de decir algo al \u201ctaximan\u201d. Pasando de su aspecto hura\u00f1o, le lanz\u00f3 contone\u00e1ndose en su asiento: \u201c\u00a1Carajo! Pero \u00bfqu\u00e9 co\u00f1o cuentan por la radio? \u00a1Est\u00e1n completamente majaretas, esos t\u00edos!\u201d. Se habla as\u00ed, por prudencia, en tales circunstancias. Una peque\u00f1a frase acoplada a su paraca\u00eddas, consensual, pero enigm\u00e1tica, mir\u00e1ndolo bien. El otro le lanz\u00f3 una r\u00e1pida mirada a trav\u00e9s del retrovisor luego se hizo el que no lo hab\u00eda o\u00eddo. El \u201ctaximan\u201d era, como se suele decir, un joven \u201cresultante de la diversidad\u201d. Esa manera muy enredada de no saber qu\u00e9 decir de la gente, en qu\u00e9 reducto arrinconar su alma, hab\u00eda divertido siempre a Dembo. Sonri\u00f3 interiormente: \u201csu sociedad es bastante complicada, desde luego, pero sin ir de co\u00f1a imagino que todo eso, ra\u00edces que salen por todos lados, salvajemente, en definitiva, eso no debe de ser f\u00e1cil asumirlo todos los d\u00edas\u201d. Por otro lado, \u00bfno hab\u00eda cre\u00eddo secretamente, \u00e9l mismo, que por el mero hecho de su historia m\u00e1s o menos com\u00fan, el taxista y \u00e9l no podr\u00edan sino confraternizar, sobre todo en una ocasi\u00f3n como esta? Que ir\u00edan, despu\u00e9s de lamentarse por la carnicer\u00eda (\u201c<em>\u00a1Wallaay, hermano, tienes raz\u00f3n, no est\u00e1 bien eso de derramar la sangre de los inocentes, entre nosotros la vida humana es sagrada a pesar de que se pasan todo el tiempo trat\u00e1ndonos de b\u00e1rbaros!<\/em>\u201d), a derivar poco a poco hacia palabras menos consensuales (\u201c<em>\u00a1Que descansen en paz, pero se lo han buscado, esos provocadores, por Al\u00e1, la verdad no puede ser mentira!<\/em>\u201d). Dembo se esperaba ver al t\u00edo pronosticar con fruici\u00f3n nuevas carnicer\u00edas (\u201c<em>\u00a1Y ah\u00ed no termina la cosa, hermano, Wallaay no termina la cosa, yo conozco a esos j\u00f3venes!<\/em>\u201d) antes de soltarse por fin completamente (\u201c<em>\u00bfQu\u00e9 quiere usted, querido primo? \u00a1Cuando te pasas siglos colonizando y matando, hay siempre de vuelta por detr\u00e1s un b\u00fameran, bum, cosa cient\u00edfica, esa!<\/em>\u201d).<\/p>\n<p>Pero con ese \u201ctaximan\u201d las cosas no pasaron como eran de esperar. Dembo y su compa\u00f1ero de viaje estuvieron m\u00e1s cerca de llegar a las manos que de desahogarse alegremente a costa de los colonialistas de toda cala\u00f1a. En la calle M\u00e9lusine, el tipo ni siquiera se dign\u00f3 a ayudarlo a depositar las dos cajas de libros en la acera. Para vengarse, Dembo no le dej\u00f3 propina y se meti\u00f3 en el hotel dejando abierta adrede la puerta del coche. Desde la recepci\u00f3n, oy\u00f3 al taxista dar un portazo violentamente, trat\u00e1ndolo, sin duda, de hijo de puta. Todo ello era algo bastante pueril, pero no era la primera vez que Dembo Diatta se comportaba de una manera tan est\u00fapida en Par\u00eds. Esa ciudad ten\u00eda el don de sacarlo de quicio por un s\u00ed o por un no.<\/p>\n<p>El hall del <em>Galileo<\/em> estaba silencioso. No se trataba de uno de esos hoteles en los que unos empleados estilizados y atentos, a veces m\u00e1s finos que sus clientes, van y vienen, se hacen diligentemente con tus maletas y te dirigen hacia alg\u00fan colega a la espera detr\u00e1s del mostrador. En el <em>Galileo<\/em>, por el contrario, se ignoraba al cliente, al que se le supon\u00eda saber incluso apa\u00f1\u00e1rselas solito, como una persona mayor y de alg\u00fan modo castigado por no poderse costear un hotel menos cutre.<\/p>\n<p>Una vez tumbado en la cama, recorri\u00f3 sus canales de tele preferidos. Todos estaban dando en bucle la imagen del polic\u00eda Ahmet Meraber ejecutado en plena calle. Todos ellos insist\u00edan tambi\u00e9n, curiosamente, en el hecho siguiente: el asesino ni siquiera se hab\u00eda detenido. Un buen padre de familia abatido por una bala en la cabeza, tan sencillamente, como de pasada. Cada vez que volv\u00eda a ver la escena, Dembo Dietta, conmovido por el gesto absurdo de la v\u00edctima implorando piedad a su verdugo, se preguntaba lo que puede bascular en la cabeza de un ser humano en el instante en el que sabe que para \u00e9l todo se va a detener brutalmente. Era a la vez demasiado duro y demasiado jodido, todo eso.<\/p>\n<p>Y luego estaban en todas esas emisiones especiales aquellos s\u00faper doctos con gesto transcendental que desfilaban para analizar, fustigar, testimoniar, homenajear, amenazar, etc.<\/p>\n<p>Todos esos energ\u00famenos cobraban por hablar y lo hac\u00edan a tontas y a locas, hasta el hast\u00edo. La vox populi medi\u00e1tica, resumiendo. \u00bfY los dem\u00e1s, los ciudadanos de a pie? Pues bien, esos escuchaban las burradas que o\u00edan e iban transform\u00e1ndose poco a poco en su cerebro, seg\u00fan un implacable y misterioso proceso, en opiniones firmes y claras, valientemente asumidas. Inmediatamente despu\u00e9s de haberse dicho eso, Dembo Dietta, siempre escrupuloso, se rectific\u00f3: \u201cNo, no todos, por supuesto. Pero s\u00ed, desde luego, la inmensa mayor\u00eda de ese buen pueblo&#8230;\u201d. La imagen del rostro herm\u00e9tico del joven \u201ctaximan\u201d remont\u00f3 a su memoria y tuvo un brusco gesto de irritaci\u00f3n. A lo largo de sus a\u00f1os de errancia por el vasto mundo, desde un coloquio en \u00c1msterdam sobre teatro africano hasta un taller sobre las t\u00e9cnicas este arte en Kenia, se arrastraba permanentemente bajo el peso de querellas mezquinas, muy a menudo con desconocidos sencillamente incapaces de soportar el color de su piel. Esa historia con el \u201ctaximan\u201d era otra batalla m\u00e1s perdida y le hubiera gustado volver a encontrarse con \u00e9l para ense\u00f1arle modales. Mas \u00bfpod\u00eda reprocharle su negativa obstinada a abrir la boca? Ese gran boquete de silencio en el coraz\u00f3n de la ciudad, aquel melanc\u00f3lico jovenzuelo no lo hab\u00eda cavado \u00e9l solo.<\/p>\n<p>La libertad de expresi\u00f3n, cosa harto hermosa, pero \u00bfpara qu\u00e9 sirve, de verdad, cuando precisamente nadie tiene nada que decir? Dembo Diatta comprend\u00eda perfectamente que en situaciones tan complejas cada cual terminara, para descanso de su mente, por remitirse a la nueva raza de los griots, poseedores de la palabra verdadera y \u00fanica fuente del saber. Y estos \u00faltimos dec\u00edan en tono sosegado que ocultaba mal una c\u00f3lera sorda, que algo colosal se ven\u00eda fraguando y hab\u00eda que prepararse para ello, por desgracia. La supervivencia de la naci\u00f3n. El legado de los ancestros. \u201c<em>S\u00ed, esto puede parecer hortera y soy el primero sorprendido por mis propias palabras, pero la hora es grave, \u00a1no perdamos tiempo en zarandajas!<\/em>\u201d<em>. Nuestros valores sagrados. Nosotros, el \u00faltimo refugio del Esp\u00edritu humano:<\/em> <em>atrev\u00e1monos por fin a decirlo, es tan evidente, no seamos hip\u00f3critas<\/em>. Tales palabras, a menudo o\u00eddas mucho antes de este asunto, le hab\u00edan causado siempre miedo. \u00bfY si fueran esos peque\u00f1os accesos de rabia y de locura los que conducen en l\u00ednea recta, con el coraz\u00f3n alegre, a las grandes carnicer\u00edas de la historia humana? \u201cHay en alg\u00fan sitio, pens\u00f3 Dembo, tipos poderosos para quienes, nosotros, los seres vivos, solo somos l\u00edneas finas y oscuras revoloteando que se cruzan al infinito sobre un globo luminoso. Que venga la hora, para los Maestros ocultos del mundo, de eliminar esas cosillas, los humanos, lo har\u00e1n sin ni siquiera pensarlo, como un profe borra en la pizarra la lecci\u00f3n del d\u00eda anterior. Y para esos locos de coraz\u00f3n fr\u00edo su poder se ha hecho ilimitado gracias a la ciencia\u201d. Seg\u00fan criterio de Dembo, al contrario de una idea muy difundida, las nuevas tecnolog\u00edas de la comunicaci\u00f3n, y particularmente, las redes sociales, est\u00e1n mucho m\u00e1s al servicio de los designios de los Estados y de los grupos violentos ocultos al acecho en la sombra que al del deseo de libertad de don Fulano de Tal. \u00a1Nada tan eficaz, para enganchar a este \u00faltimo, como un alud de informaciones sucedi\u00e9ndose a un ritmo de mil demonios! \u00bfQue no sabe muy bien qu\u00e9 hacer con ellas? Da igual. Alguien va a hacerse cargo de ellas en su lugar. Por ejemplo, \u00bfen qu\u00e9 antro se hab\u00eda gestado cuidadosamente el eslogan <em>Yo soy Charlie<\/em>? Se extend\u00eda por todas partes, de lo largo a lo ancho de los edificios parisinos y hasta en los paneles luminosos a lo largo de las autopistas. Para Dembo, hab\u00eda algo extra\u00f1o en esa manera de declarar con golpes de pecho como un chaval: Yo soy un t\u00edo cabal, quiero un mundo en el que nadie sea metido en una c\u00e1rcel por un art\u00edculo en la prensa ni inmolado en mono color naranja-Guant\u00e1namo en una jaula de hierro.<\/p>\n<p>Por asociaci\u00f3n de ideas, Dembo Dietta record\u00f3 haber le\u00eddo en el \u201cMuseo del Holocausto\u201d en Washington una m\u00e1xima de un poeta alem\u00e1n: \u201cQuien comienza quemando libros terminar\u00e1 quemando, tarde o temprano, a seres humanos\u201d. Tal vez no fuera la frase exacta de Heinrich Heine, pero tal era el significado de sus palabras. Y \u00e9l sab\u00eda de sobra que los asesinos del 7 de enero y sus lejanos inspiradores odiaban m\u00e1s que nada el teatro, la raz\u00f3n vital suya, de Dembo Dietta. Adem\u00e1s de todo eso, continuaba sinti\u00e9ndose c\u00f3mplice intelectual con, por lo menos, dos de las v\u00edctimas. La muerte brutal, aquella misma ma\u00f1ana, de Cabu y de Wolinski era algo como un asunto personal, en tr\u00e1gica resonancia con su memoria y su juventud estudiantil, casi como la muerte de unos familiares.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><em>Primera parte del relato escrito por <a href=\"https:\/\/www.casafrica.es\/es\/persona\/boubacar-boris-diop\">Boubacar Boris Diop<\/a>.\u00a0 La segunda parte ser\u00e1 publicada el jueves, 1 de abril de 2021.\u00a0<\/em><\/em><em>Traducci\u00f3n realizada por Pedro Su\u00e1rez \u2013 Kiri Miranda.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.\u00a0Lo que le hab\u00eda impresionado con frecuencia a Dembo es que nadie pod\u00eda pararle las patas a un taxista decidido a imponer su conversaci\u00f3n. De eso sab\u00eda \u00e9l la tira por haber intentado muchas veces, siempre en vano, ignorarlos. Eran casi las dos de la tarde. 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