El futuro no tiene color piel

El futuro no tiene color piel
Con el crayón color "piel" inicia la discriminación en las niñas y niños. Con un inofensivo crayón empiezan a reproducir los prejuicios. Imagen: Fratticidio en Wikimedia Commons

Lucila Rodríguez-Alarcón

Columnista y profesora de universidad

No es hasta que empieza la esclavitud de los pueblos africanos para trabajar en los campos durante la expansión de las colonias europeas en América que aparece el término de raza y con ello nace el racismo.

Cada vez se usa menos el término, pero aun así sigue vigente si tecleas en Google «color piel». Según Wikipedia, el color piel es sinónimo de color carne que es un tono rosa anaranjado. Atención, según esta misma fuente, no es lo mismo el color piel que el color de la piel. Obvio, las pieles tienen tonos infinitos que van del negro oscuro al blanco transparente. Pero el hecho de que exista una acepción que generaliza el color piel, y le asocia un pantón similar al de la piel clara, muestra claramente el racismo estructural en el que vivimos inmersos.

Este racismo estaba tan interiorizado que la misma Chimamanda Ngozi cuenta en su magnífico libro “el peligro de una historia única” cómo ella misma usaba el color piel sin ser consciente de que este no representaba su propio color de piel. Son narrativas profundamente arraigadas, en todas las personas, que su deconstrucción resulta una labor titánica.

Chimamanda optó por contar su historia en un breve cuento de obligada lectura que ha inspirado a millones de personas, pero hay otro tipo de iniciativas magníficas que ha ayudado a generar un relato nuevo sobre las pieles y sus colores. Por ejemplo, la artista Angélica Dass ha desarrollado un proyecto en el que ha generado una nueva gama cromática definida por pantones nuevos que se asocian al color de la punta de la nariz de las personas. Sobre este concepto, Angélica ha fotografiado a miles de personas desnudas de cintura para arriba generando un archivo enorme que ha clasificado usando sus nuevos pantones. El resultado de su trabajo se titula Humanae y se compone de preciosos murales compuestos por las fotografías de personas que, siendo todas únicas, son todas iguales y juntas forman un mosaico de diversidad.

Pero no es la única propuesta que combina pieles y diversidad. El magnífico Oliverio Toscani utilizó los contrastes y la diversidad para generar marca durante el tiempo que fue el director creativo de Benetton. El esfuerzo que mayor repercusión tuvo es una foto colectiva de modelos cuya piel abarca todo un arco cromático e incluye fenotipos extremadamente variados. Gracias a este ejercicio, la diversidad se convirtió en tendencia hasta tal punto que esa foto fue replicada por Adidas años más tarde para su campaña anual. El impacto que este tipo de iniciativas tienen cuando vienen del mundo de la moda es enorme.

Al mismo nivel de impacto se encuentran las representaciones filmográficas de los fenotipos. Durante los primeros años del cine, las personas negras siempre tenían un rol muy concreto en las películas: o eran sirvientes o eran proveedores de diversión. Igualmente, las personas de fenotipos más asiáticos entraron en el mundo del cine de la mano de las artes marciales, marcando fuertemente los estereotipos globales que ahora hay que deshacer.

Lo más curioso de toda esta historia es que es sorprendentemente reciente. No es hasta que empieza la esclavitud de los pueblos africanos para trabajar en los campos durante la expansión de las colonias europeas en América que aparece el término de raza y con ello nace el racismo. Se trataba de justificar algo tan sumamente antinatural como la esclavitud. Pero la historia de la humanidad es muy clara al respecto. Civilizaciones tan potentes como la romana tenían una diversidad enorme, compuesta de fenotipos que iban desde las “cabezas negras” sumerias a los oscuros egipcios, sumando todos los fenotipos mediterráneos, norafricanos, pero también subsaharianos. Los romanos no eran blancos como los representamos en la actualidad y, aunque eran extremadamente clasistas, no eran racistas.

Empezando a salir de una de las mayores distopías hechas realidad de nuestro tiempo, necesitamos nuevas narrativas que nos ayuden a reconstruir nuestra energía individual y colectiva. El covid nos ha dejado exhaustos y tristes y necesitamos un tejido social fuerte e ilusionante para encontrar un camino nuevo por el que transitar. En este esfuerzo necesitamos que participen todas las personas que componen nuestra sociedad. Y cuanto más diversa sea esta propuesta mayor será su fuerza. En este entorno no puede existir el color carne ni el color piel. El futuro será multicolor o no será.

Artículo redactado por Lucila Rodríguez-Alarcón.

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