{"id":15531,"date":"2021-07-22T08:09:49","date_gmt":"2021-07-22T07:09:49","guid":{"rendered":"https:\/\/www.esafrica.es\/?p=15531"},"modified":"2025-09-18T11:08:59","modified_gmt":"2025-09-18T10:08:59","slug":"desierto-adentro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.esafrica.es\/fr\/salud-seguridad\/desierto-adentro\/","title":{"rendered":"Desierto adentro"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cEl d\u00eda que comes y tu vecino no, la comida ni siquiera sabe a nada\u201d<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Desde el aire es tan hermoso: pliegues de verde y lunares de agua, lunares de verde y pliegues de agua, y alrededor todo sequ\u00eda y arena. Es el lago Chad: un ecosistema de vida en retroceso, amenazado por el desierto\u2026 y por la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Es el lago que ha dado nombre a una de las grandes crisis humanitarias de la \u00faltima d\u00e9cada, la que enfrenta a las fuerzas de seguridad de varios pa\u00edses (Chad, Nigeria, N\u00edger y Camer\u00fan) con los grupos yihadistas, que tambi\u00e9n est\u00e1n enfrentados entre s\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sufren los que no se movieron y tambi\u00e9n los que huyeron. Aqu\u00ed, la poblaci\u00f3n local, ya vulnerable, debe hacer un gran esfuerzo para acoger a los que escapan del conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Bol es una ciudad pegada al lago. Bol es una ventana a ese laberinto de islotes que se abre paso en esta regi\u00f3n del lago Chad. Sentados en la orilla, los militares miran relajados el horizonte. Es noviembre de 2017. Los ni\u00f1os se ba\u00f1an, chapotean, juegan y salen del agua con las espaldas relucientes. Hay canoas aparcadas en la orilla y ropa mojada y mochilas escolares sec\u00e1ndose al sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Ruido de motor. Los ni\u00f1os gritan. Es una de las canoas motorizadas que <a href=\"https:\/\/www.msf.es\/\">M\u00e9dicos Sin Fronteras<\/a> usa para asistir a la poblaci\u00f3n en dos islas del lago: Fitine y Bugrumi. Se eligieron estas islas porque despu\u00e9s de 2015, el peor momento del conflicto, miles de personas huyeron y la gente que no se movi\u00f3 se qued\u00f3 en una situaci\u00f3n complicada, sin casi acceso a ayuda humanitaria. Los obst\u00e1culos log\u00edsticos son enormes. La cantidad de medicamentos que se puede cargar en la canoa es obviamente limitada. El equipo tarda una hora en llegar a la isla de Fitine, pero seg\u00fan el momento pueden ser dos horas o m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es uno de los dilemas humanitarios cl\u00e1sicos. \u00bfVale la pena perder tanto tiempo para ayudar a un n\u00famero limitado de personas? \u00bfVale la pena la inversi\u00f3n econ\u00f3mica para llegar a un lugar rec\u00f3ndito de Chad? \u00bfSe podr\u00eda emplear mejor ese esfuerzo en otro lugar? Se deben hacer c\u00e1lculos. A veces con la cabeza. A veces con el coraz\u00f3n. Pero siempre sabiendo que la ayuda que va a un lugar no va a otro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>**<\/p>\n\n\n\n<p>Hay lugares en los que pasa algo parecido. Para lanzar una operaci\u00f3n de ayuda humanitaria en un pa\u00eds que, como Sud\u00e1n del Sur, tiene muy pocos kil\u00f3metros de carreteras asfaltadas, hace falta un importante esfuerzo log\u00edstico. Los vuelos encarecen la misi\u00f3n. Los periodistas tienen un problema similar: es dif\u00edcil convencer al editor de que un reportaje sobre Sud\u00e1n del Sur vale la pena, y es mucho m\u00e1s dif\u00edcil convencerlo cuando sabe cu\u00e1nto le va a costar. Reportear desde Sud\u00e1n del Sur es caro. Yemen es otro caso extremo: puede haber motivos geopol\u00edticos por los que se habla menos de esta guerra, pero la dificultad de acceso (visados y log\u00edstica) y el bloqueo a oeneg\u00e9s y medios por parte de los actores en liza lo complican todo m\u00e1s a\u00fan.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Son algunos de los rincones del mundo donde m\u00e1s se sufre y donde es m\u00e1s dif\u00edcil llegar: una ciudad del norte de Yemen controlada por los hut\u00edes, una ciudad de Sud\u00e1n del Sur en disputa con reservas de petr\u00f3leo por medio, una isla del lago Chad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>En Kulkime, a las orillas del lago Chad, decenas de personas esperan su turno bajo una tienda de campa\u00f1a para entrar en una cl\u00ednica m\u00f3vil. Uno de ellos es Alaji Dongol, de 60 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cBoko Haram atac\u00f3 nuestra aldea y tuvimos que venir aqu\u00ed. Llevamos nueve meses en el campo. Vinimos sin nada, con lo puesto\u201d, dice Alaji.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece otra historia m\u00e1s de desplazamiento humano, pero la historia de Alaji tiene una particularidad: su pueblo, Garai Ron, era una isla. Alaji es pescador: su sustento, como el de miles de personas, era la pesca, tanto para alimentarse como para hacer negocio. Ahora se halla fuera de su h\u00e1bitat y no se atreve a volver a casa, porque los yihadistas buscan refugio entre las islas y las zonas frondosas, donde los ej\u00e9rcitos tienen m\u00e1s complicado el acceso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAqu\u00ed nos vemos obligados a pedir comida a la gente. Y no hay utensilios para cocinar. Antes pescaba y ya no puedo. Ni siquiera hay redes de pescador\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>A su lado est\u00e1 Dungu Maskena, de 60 a\u00f1os. Tambi\u00e9n es de una isla: la de Uro. Lleva un chal negro y rosa. \u201cBoko Haram mat\u00f3 a tres de mis hijos y a mi marido en Uro. Me ataron con una cuerda para que no los ayudara\u201d, dice mientras muestra cicatrices en las mu\u00f1ecas y en los brazos. Le quedan cuatro hijos y ahora est\u00e1 en el campo de Kulime con su cu\u00f1ado. \u201cAqu\u00ed tengo que ir a buscar comida, dependemos de la ayuda humanitaria por completo. Pedimos comida en otros pueblos\u2026 Jam\u00e1s volver\u00e9. Tengo miedo de volver\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Si alguien aterrizara aqu\u00ed de golpe, le ser\u00eda dif\u00edcil, entre el calor des\u00e9rtico y las dunas, adivinar que el agua del lago est\u00e1 aqu\u00ed, muy cerca de aqu\u00ed. A pocos kil\u00f3metros se halla un campo de desplazados que se cobijan bajo \u00e1rboles grandes y sabios. Hay ni\u00f1os que juegan entre los \u00e1rboles, hay caba\u00f1as de paja con vistas al lago. Desde all\u00ed se pueden adivinar, en el horizonte, esas evocadoras islas que la guerra les ha robado.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras cabezas est\u00e1n compartimentadas. Pensamos en tantas cosas del mundo contempor\u00e1neo por separado. Por ejemplo: el clima, los conflictos y los movimientos de poblaci\u00f3n. Una relaci\u00f3n que no hab\u00eda explorado de verdad hasta que llegu\u00e9 al lago Chad y vi el desierto implacable alrededor de una zona de islas castigada por la guerra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el lago, si se sigue la ruta de los comerciantes, se va dejando atr\u00e1s el verde y empiezan los arbustos y las dunas, camellos y m\u00e1s camellos y a veces cabras. Ni rastro de vida humana. Hasta que, de repente, como si fuera un oasis, aparece el campo de Diameron, donde hab\u00eda m\u00e1s de 10 000 desplazados a causa del conflicto en el momento de mi llegada.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed no hay tiendas de campa\u00f1a: solo casas humildes construidas con ramas y ca\u00f1as. Como la de Yande Omar, que est\u00e1 dividida en dos ambientes. En la sala de estar cuelgan ollas tiznadas de las ca\u00f1as, hay un juego de t\u00e9 y sacos y botellas en el techo. Al otro lado, una estancia m\u00e1s oscura, que usa de dormitorio y cocina: los utensilios y las ollas est\u00e1n perfectamente ordenadas, la pulcritud es extrema.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cBoko Haram nos atac\u00f3 en plena noche. Usaban a ni\u00f1os para hacerlo, que quemaron nuestras casas\u201d, dice Yande. \u201cViv\u00edamos en Kofia, en una isla del lago Chad. Huimos a este campo. No ten\u00edamos camellos ni asnos, as\u00ed que vinimos a pie. Tom\u00e9 a mis hijas de la mano y vinimos caminando, con el equipaje en la cabeza. Tardamos dos d\u00edas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 toda esta gente se refugia en el desierto? La respuesta que todo el mundo repetir\u00e1: porque solo aqu\u00ed se sienten seguros. La mayor\u00eda proviene de pueblos que est\u00e1n en las islas del lago Chad, que se convirtieron sobre todo desde 2015 en un escondite yihadista y en un lugar donde las fuerzas de seguridad lanzaban ofensivas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDos tercios de la comunidad del campo no tiene comida. Por eso hay incluso gente que intent\u00f3 irse otra vez a trabajar el campo, pero volvi\u00f3 sin nada\u201d, dice Yande.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca de la caba\u00f1a de esta mujer vive el l\u00edder comunitario (<em>boulama<\/em>) Mbo Chari. Cuenta que primero fue un ataque de Boko Haram lo que hizo huir a su gente de una isla del lago Chad. Llegaron a otra isla y entonces fueron las autoridades militares las que pidieron que abandonaran la zona. Y as\u00ed llegaron a Diameron.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cFueron dos d\u00edas a pie. Algunos de nosotros vinimos en camellos\u201d, dice el <em>boulama<\/em>. \u201cAhora mismo la situaci\u00f3n de seguridad en el campo es buena, pero no tenemos nada para comer. No hay campos para cosechar, no hay nada\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No hay nada. Y no solo es por la guerra. La desaparici\u00f3n del hermoso lago Chad es imparable: <a href=\"https:\/\/www.nrc.no\/news\/2018\/september\/why-should-you-care-about-the-lake-chad-crisis\/\">ha perdido<\/a> un 90 % de su superficie desde la d\u00e9cada de 1960. Anta\u00f1o uno de los grandes lagos de \u00c1frica, ha pasado a tener menos de 1500 kil\u00f3metros cuadrados de superficie, algo que se debe a la sequ\u00eda causada por la falta de lluvias y tambi\u00e9n al desarrollo de sistemas de irrigaci\u00f3n modernos para la agricultura industrial. Un desastre ecol\u00f3gico que hace que las millones de personas que viven en la regi\u00f3n, muchas ya desplazadas por el conflicto, vean c\u00f3mo desaparecen recursos naturales y posibilidades de pesca. La degradaci\u00f3n del suelo cultivable afecta directamente a sus vidas. Fuente de agua para millones, el lago Chad ha pasado de una dimensi\u00f3n oce\u00e1nica por la cual transitaban barcos de pesca a ocupar una superficie mucho menor y marcada por el conflicto. Los mercados de pescado han sido sustituidos por asentamientos de gente huyendo de la guerra. Aqu\u00ed no se puede ya separar una cosa de la otra: la desertificaci\u00f3n est\u00e1 ligada al conflicto y a los movimientos de poblaci\u00f3n, ya que las personas que huyen de los combates lo tienen mucho m\u00e1s dif\u00edcil para reconstruir sus vidas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Vamos hacia un mundo en el que ya ser\u00e1 imposible ignorar la intersecci\u00f3n entre clima, conflicto y medioambiente. Como en el lago Chad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>En el campo de desplazados de Diameron oigo la misma historia en boca de tantas personas durante mi visita a la zona: la de una huida hacia el desierto. Una huida hacia la nada, pero que es la \u00fanica posible, porque en las islas los yihadistas tienen mucha presencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Kane Adam, de 45 a\u00f1os, es uno de los residentes del campo. Lleva una gran t\u00fanica blanca: es alto y fuerte. Es de Talea, una de las islas del lago. Kane explica el \u00e9xodo de su familia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDos de mis hermanos fueron asesinados en el conflicto. Tuvimos que salir todos de aqu\u00ed. Salimos en piraguas de la isla y despu\u00e9s vinimos a pie y en camellos. Cuatro de mis hijos ya son grandes, as\u00ed que se echaron al cuello a los m\u00e1s peque\u00f1os\u201d, dice. Fue un amigo que ten\u00eda en tierra firme quien trajo camellos para la familia e incluso les dio alimentos una vez llegaron al campo de Diameron.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCuando est\u00e1bamos en la isla, \u00e9ramos agricultores y pescadores y vend\u00edamos los productos en Nigeria. Pero cuando Boko Haram lleg\u00f3, se acab\u00f3. Huimos. Fuimos en piragua a otro pueblo. Nos instalamos all\u00ed, pero Boko Haram tambi\u00e9n lleg\u00f3 y nos fuimos otra vez\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como otros miles, huyeron esta vez m\u00e1s lejos, desierto adentro, hasta el campo de desplazados de Diameron. La historia de Kane ilustra por qu\u00e9 es tan importante fijarse en ese espacio donde se tocan las consecuencias de la guerra (la huida) y de la emergencia clim\u00e1tica (la desaparici\u00f3n progresiva de un lago). Kane huy\u00f3 hasta el campo de Diameron, ese que parece un espejismo en medio del desierto, para salvar la vida. Pero hay algo m\u00e1s. Dice Kane que sus abuelos viv\u00edan en esta misma zona hace d\u00e9cadas. No se hab\u00edan refugiado aqu\u00ed de la guerra, sino que viv\u00edan aqu\u00ed\u2026 porque el lago llegaba hasta aqu\u00ed. \u00a1Aqu\u00ed pescaban!&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Donde antes hab\u00eda agua dulce, ahora solo hay dunas y camellos. La familia de Kane pertenece a una comunidad de pescadores, y este es uno de sus para\u00edsos perdidos. En el desierto no se saben desenvolver: est\u00e1n aqu\u00ed a causa de los combates, ese es el \u00fanico motivo. Sin ning\u00fan otro sustento, su dependencia de la ayuda humanitaria es absoluta en el campo. Necesitan m\u00e1s ayuda, me insiste. Pero en medio de la explicaci\u00f3n de la cat\u00e1strofe, Kane dice una frase que me deja pensando largamente. Me imagino la escena que describe: es tan real que casi la puedo ver all\u00ed mismo, en este campo lleno de personas que huyeron del desierto. Una escena que explica el concepto de solidaridad de una forma bella, cruda y directa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl d\u00eda que comes y tu vecino no, la comida ni siquiera sabe a nada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>Art\u00edculo redactado por <a href=\"https:\/\/www.casafrica.es\/es\/persona\/agus-morales\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Agus Morales<\/a>, escritor y director de&nbsp;5W<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl d\u00eda que comes y tu vecino no, la comida ni siquiera sabe a nada\u201d Desde el aire es tan hermoso: pliegues de verde y lunares de agua, lunares de verde y pliegues de agua, y alrededor todo sequ\u00eda y arena. 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