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	Comentarios en: Semilla Negra – Programa 29: Música que fabrica escuelas	</title>
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	<description>El blog de Casa África</description>
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		Por: Fran		</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Fran]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 31 May 2012 13:54:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[“Es demasiado ver a Blair junto con Bob Geldof lamentarse por África y organizar un acto con grandes celebridades. Todo esto de los conciertos reivindicativos sólo contribuye a agravar el asunto de la falsa ayuda, limpiando la conciencia de la gente. Es una ceremonia de catarsis colectiva y nada más […] Geldof se ha convertido en un instrumento del sistema, aunque no creo que él sea consciente de ello. No queremos que nadie piense por nosotros” (Aminata Traoré) 

El proyecto Playing For Change es otro cantar. Una excelente iniciativa que marca el camino de cómo se han de hacer las cosas. Otro acto con muchísimo sentido fue este evento http://www.youtube.com/watch?v=k1guP0ugsGQ Hace años escribí un artículo sobre el mismo que con gusto les comparto (espero que no les importe). Dice así: 

AFRICA LIVE. THE ROLL BACK MALARIA CONCERT 

&quot;Nunca pongan en duda que un pequeño grupo de gente comprometida puede cambiar el mundo; es más, es el único modo en que siempre lo ha hecho&quot; (Margaret Mead).   

Corría el año 1971 cuando el tristemente desaparecido George Harrison, consciente del enorme poder mediático que atesora esta forma de expresión artística, decidió ponerse al mando de una empresa que tenía por objeto recaudar fondos para paliar la hambruna que, por aquel entonces, diezmaba a la población de Bangladesh. El día 1 de agosto de dicho año, el Madison Square Garden de Nueva York colgaba el cartel de &quot;no hay entradas&quot; y artistas de la talla de Bob Dylan, Eric Clapton o Ravi Shankar, pasaban a la historia por co-protagonizar el primer acto que reunía, por vez primera y sobre un mismo escenario, a la flor y nata del panorama musical del momento al servicio de una causa humanitaria. Mucho ha llovido desde entonces. 

Poco más de tres décadas después de aquel histórico evento, el afamado músico senegalés Youssou N&#039;Dour ha decidido mantener viva la llama prendida por el genio de Liverpool y hacer realidad uno de los proyectos más ambiciosos y, qué duda cabe, plausibles de cuantos acontecen en la actualidad: el primer concierto internacional contra la malaria; una enfermedad que, según datos facilitados por las Naciones Unidas, se cobra cada treinta segundos la vida de un niño subsahariano menor de cinco años dejando en otros tantos secuelas físicas y mentales de notable consideración.  

Precedido de una intensa campaña divulgativa destinada a reducir en número los casos de contagio, el Estadio Iba Mar Diop de Dakar se convirtió, los días 12 y 13 de marzo del pasado año, en escenario de una serie de actos destinados a sensibilizar al mundo de una tragedia que se ceba con los habitantes de las zonas más empobrecidas del planeta. Figuras de la talla del camerunés Manu Dibango, la maliense Rokia Traoré o el senegalés Baaba Maal (y así hasta sumar un total de doce) no dudaron en acudir a la llamada del autor de Seven Seconds y deleitar a las aproximadamente 20.000 almas que se dieron cita en el lugar con lo mejor de su repertorio, ocasión que no desaprovecharon para hacer un llamamiento a los responsables de dilapidar los fondos de los países en vías de desarrollo e instarlos a tomar cartas en el asunto. 

Muchas fueron las consignas lanzadas para tal propósito, resultando reveladores testimonios como el de la cantante beninesa Angelique Kidjo: &quot;Esperamos que nuestros políticos dejen su egoísmo y avaricia a un lado, velen por el bienestar de su gente y hagan lo que sea necesario para erradicar esta y otras enfermedades. Si somos nosotros quienes proveemos de riqueza a los países ricos, por qué no somos capaces de hacer algo al respecto&quot;. Lo dicho, a desviar las suntuosas sumas que anualmente se destinan a la compra de armas a la adquisición de bienes de primera necesidad. 

Tampoco faltaron las proclamas de aquellos que prefirieron coger al torero por el rabo e ir directamente a la raíz del asunto: &quot;Dicen que África debe dinero ¿Realmente África debe dinero? Después de la esclavitud, la colonización y la desestabilización del continente ¿aún se atreven a decir que África está en deuda?&quot;; fueron las palabras del marfileño Tiken Jah Fakoly en el ecuador de su actuación.

A todas estas, el incrédulo lector se preguntará cómo es posible que, existiendo en la actualidad fármacos que posibilitan la cura de esta enfermedad, el desenlace de los aproximadamente 300 millones de personas que anualmente la contraen sea el que nos proporcionan las estadísticas. Muy sencillo. La disponibilidad del único fármaco que ha demostrado ser eficaz dista mucho de ser la idónea; su coste prohibitivo para las economías de los países afectados y (dados los escasos ingresos que obtendrían por su venta) nimios los intereses de sus fabricantes de ofertar una cantidad más generosa. 

¿Una forma poco heterodoxa de plantar cara al problema de la superpoblación mundial? ¿O tal vez un intento a la desesperada de acabar para siempre con una raza considerada inferior por quienes ostentan un ladrillo por cerebro? Un multitudinario evento que millones de hogares en todo el mundo pudieron seguir en directo a través de uno de los más peligrosos inventos del pasado siglo y que, en breve, podremos disfrutar en formato DVD quienes no tuvimos ocasión de hacerlo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Es demasiado ver a Blair junto con Bob Geldof lamentarse por África y organizar un acto con grandes celebridades. Todo esto de los conciertos reivindicativos sólo contribuye a agravar el asunto de la falsa ayuda, limpiando la conciencia de la gente. Es una ceremonia de catarsis colectiva y nada más […] Geldof se ha convertido en un instrumento del sistema, aunque no creo que él sea consciente de ello. No queremos que nadie piense por nosotros” (Aminata Traoré) </p>
<p>El proyecto Playing For Change es otro cantar. Una excelente iniciativa que marca el camino de cómo se han de hacer las cosas. Otro acto con muchísimo sentido fue este evento <a href="http://www.youtube.com/watch?v=k1guP0ugsGQ" rel="nofollow ugc">http://www.youtube.com/watch?v=k1guP0ugsGQ</a> Hace años escribí un artículo sobre el mismo que con gusto les comparto (espero que no les importe). Dice así: </p>
<p>AFRICA LIVE. THE ROLL BACK MALARIA CONCERT </p>
<p>«Nunca pongan en duda que un pequeño grupo de gente comprometida puede cambiar el mundo; es más, es el único modo en que siempre lo ha hecho» (Margaret Mead).   </p>
<p>Corría el año 1971 cuando el tristemente desaparecido George Harrison, consciente del enorme poder mediático que atesora esta forma de expresión artística, decidió ponerse al mando de una empresa que tenía por objeto recaudar fondos para paliar la hambruna que, por aquel entonces, diezmaba a la población de Bangladesh. El día 1 de agosto de dicho año, el Madison Square Garden de Nueva York colgaba el cartel de «no hay entradas» y artistas de la talla de Bob Dylan, Eric Clapton o Ravi Shankar, pasaban a la historia por co-protagonizar el primer acto que reunía, por vez primera y sobre un mismo escenario, a la flor y nata del panorama musical del momento al servicio de una causa humanitaria. Mucho ha llovido desde entonces. </p>
<p>Poco más de tres décadas después de aquel histórico evento, el afamado músico senegalés Youssou N&#8217;Dour ha decidido mantener viva la llama prendida por el genio de Liverpool y hacer realidad uno de los proyectos más ambiciosos y, qué duda cabe, plausibles de cuantos acontecen en la actualidad: el primer concierto internacional contra la malaria; una enfermedad que, según datos facilitados por las Naciones Unidas, se cobra cada treinta segundos la vida de un niño subsahariano menor de cinco años dejando en otros tantos secuelas físicas y mentales de notable consideración.  </p>
<p>Precedido de una intensa campaña divulgativa destinada a reducir en número los casos de contagio, el Estadio Iba Mar Diop de Dakar se convirtió, los días 12 y 13 de marzo del pasado año, en escenario de una serie de actos destinados a sensibilizar al mundo de una tragedia que se ceba con los habitantes de las zonas más empobrecidas del planeta. Figuras de la talla del camerunés Manu Dibango, la maliense Rokia Traoré o el senegalés Baaba Maal (y así hasta sumar un total de doce) no dudaron en acudir a la llamada del autor de Seven Seconds y deleitar a las aproximadamente 20.000 almas que se dieron cita en el lugar con lo mejor de su repertorio, ocasión que no desaprovecharon para hacer un llamamiento a los responsables de dilapidar los fondos de los países en vías de desarrollo e instarlos a tomar cartas en el asunto. </p>
<p>Muchas fueron las consignas lanzadas para tal propósito, resultando reveladores testimonios como el de la cantante beninesa Angelique Kidjo: «Esperamos que nuestros políticos dejen su egoísmo y avaricia a un lado, velen por el bienestar de su gente y hagan lo que sea necesario para erradicar esta y otras enfermedades. Si somos nosotros quienes proveemos de riqueza a los países ricos, por qué no somos capaces de hacer algo al respecto». Lo dicho, a desviar las suntuosas sumas que anualmente se destinan a la compra de armas a la adquisición de bienes de primera necesidad. </p>
<p>Tampoco faltaron las proclamas de aquellos que prefirieron coger al torero por el rabo e ir directamente a la raíz del asunto: «Dicen que África debe dinero ¿Realmente África debe dinero? Después de la esclavitud, la colonización y la desestabilización del continente ¿aún se atreven a decir que África está en deuda?»; fueron las palabras del marfileño Tiken Jah Fakoly en el ecuador de su actuación.</p>
<p>A todas estas, el incrédulo lector se preguntará cómo es posible que, existiendo en la actualidad fármacos que posibilitan la cura de esta enfermedad, el desenlace de los aproximadamente 300 millones de personas que anualmente la contraen sea el que nos proporcionan las estadísticas. Muy sencillo. La disponibilidad del único fármaco que ha demostrado ser eficaz dista mucho de ser la idónea; su coste prohibitivo para las economías de los países afectados y (dados los escasos ingresos que obtendrían por su venta) nimios los intereses de sus fabricantes de ofertar una cantidad más generosa. </p>
<p>¿Una forma poco heterodoxa de plantar cara al problema de la superpoblación mundial? ¿O tal vez un intento a la desesperada de acabar para siempre con una raza considerada inferior por quienes ostentan un ladrillo por cerebro? Un multitudinario evento que millones de hogares en todo el mundo pudieron seguir en directo a través de uno de los más peligrosos inventos del pasado siglo y que, en breve, podremos disfrutar en formato DVD quienes no tuvimos ocasión de hacerlo.</p>
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