Libia: un colosal patrimonio arqueológico entre el abandono y el desconocimiento

The Theater at Leptis Magna. Imagen: © Daviegunn en Wikimedia Commons

Antonio Navarro Armuedo

Con un país dividido en dos administraciones y exhausto tras más de una década de guerra civil, los gobiernos de Trípoli y Bengasi comienzan tímidamente a proteger un fascinante legado grecorromano

A punto de cumplirse tres lustros desde el inicio de la primera de las dos guerras civiles, un conflicto surgido de las revueltas antiautoritarias conocidas como la Primavera Árabe y que acabaría derivando en una larga contienda que acabaría por partir en dos el país, Libia sigue siendo un país fracturado. El extenso territorio libio se encuentra hoy partido en dos administraciones, una con capital en Trípoli, y coincidente con la mitad occidental del país, y otra con sede en Bengasi, que domina prácticamente el solar oriental con un vasto sur a menudo terreno de nadie.

Ninguna de las dos partes, el Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli, que presume de contar con el apoyo de Naciones Unidas, ni el de Bengasi, controlado por el mariscal Haftar, ha sido capaz de imponerse a la otra. Hasta ahora las llamadas de Naciones Unidas a que ambas partes celebren elecciones generales -y respeten los resultados- como base de la reconciliación y la reunificación institucional os han resultado infructuosos.

Prácticamente olvidada de los grandes medios de comunicación internacionales, Libia y sus gentes se afanan por recuperar lentamente sus vidas con la esperanza de que el país no vuelva a las andadas. A pesar del alto el fuego en vigor desde 2020, la inseguridad sigue siendo un problema por mor de la actividad de milicias y organizaciones terroristas, como quedó de manifiesto el pasado verano en Trípoli.

Ancient rock art in Tadrart Acacus in Libya. Imagen: © Roberto D’Angelo (roberdan) en Wikimedia Commons

Una de las víctimas de la guerra y la inseguridad ha sido el fabuloso patrimonio arqueológico libio, el de un país extenso y situado cerca del núcleo de las dos grandes civilizaciones del Mediterráneo: Grecia y Roma. La red de yacimientos ha sufrido las consecuencias de la guerra tanto de manera directa -efectos de los combates y saqueos- como indirecta, por causa del abandono. Además, la inseguridad y el aislamiento de Libia ha provocado que los arqueólogos nacionales y extranjeros suspendieran sus actividades de campo durante años.

La prioridad de la paz y la reconstrucción del país -en todos sus sentidos- ha postergado la protección y puesta en valor de este rico patrimonio, pero poco a poco las administraciones nacionales, regionales y locales comienzan a poner la vista en ello.

Lo cierto es que el país magrebí cuenta con al menos una decena de sitios arqueológicos de relevancia que han sobrevivido a más de una década de guerra, pero a los que acecha el peligro del abandono y el olvido. Por su fragilidad, en 2016 la Unesco incluyó a Cirene, Leptis Magna, Sabratha, Tadrart Acacus y Gadamés, en su lista de patrimonio mundial en peligro. Entre las viejas ciudades de la Antigüedad libi descuellan Cirene, gran tesoro helenístico, y Leptis Magna, la gran urbe romana.

La belleza marítima de Leptis Magna

Por su elegancia y la belleza de sus construcciones y emplazamiento junto al mar, Leptis Magna, situada a algo más de 120 kilómetros al sureste de Trípoli y Patrimonio de la Humanidad desde 1982, es la joya indiscutible de la Libia romana. Fundada sobre un asentamiento fenicio en el VII a.C., Leptis Magna alcanzó su apogeo con Septimio Severo, emperador romano originario de la ciudad. Está considerada la tercera metrópolis de la Antigüedad en el continente africano.

Bautizada como la Roma de África, Leptis Magna llegó a ser un importante centro comercial del Mediterráneo y la región transahariana, así como un próspero mercado agrícola. En el siglo I d.C. Leptis Magna mantuvo su carácter púnico, incluida su constitución y lengua. El emperador Trajano designó a la ciudad colonia. Entre los lugares que han llegado hasta nuestros días destacan el arco de Septimio Severo, el foro y la basílica, el teatro romano -considerado el más antiguo y grande de África-, las termas de Adriano, el mercado romano, el puerto y el circo.

El misterio de Cirene

Ruins of Cyrene (Shahhat), Libya. Imagen: © Maher27777 en Wikimedia Commons

Fundada hace más de 2600 años como colonia de los griegos de Thera (Santorini) en el siglo VII a.C., Cirene fue una de las principales ciudades del mundo helénico en tanto que centro filosófico y comercial. Fue la más importante de la Pentápolis, las cinco colonias griegas de la región a las que la ciudad dio nombre. Posteriormente romanizada, continuó siendo un importante centro urbano hasta el terremoto del año 365. En ella descuellan los templos de Zeus -más grande que el Partenón ateniensey Apolo, el ágora y foro romano, el teatro griego, el anfiteatro romano y la necrópolis.

En Cirene nacieron importantes matemáticos, filósofos y geógrafos, como Erastótenes, Aristipo y Carnéades. También vio la luz en la ciudad Simón de Cirene, quien, según la tradición cristiana, ayudó a Jesús a cargar la cruz hacia el Calvario. A poco más de 15 kilómetros de la vieja Cirene se hallan los restos del que fuera su puerto, Apolonia (Marsa Sousa), que también llegó a ser un importante centro romano y bizantino y en el que sobreviven su basílica bizantina, el teatro romano y las murallas.

Después de siglos de abandono, la ciudad fue descubierta por el cónsul francés en Trípoli a comienzos del siglo XVIII y hasta el fin de la Primera Guerra Mundial no se intensificaron las tareas de excavación y estudio. La Unesco declaró Cirene Patrimonio de la Humanidad en 1982.

En 2013, los medios llamaron la atención sobre la destrucción de al menos 200 tumbas de una necrópolis de diez kilómetros cuadrados -que fue utilizada entre el siglo VI a.C. y el IV- y parte del viaducto. Y no fue la guerra la responsable, sino la acción de un grupo de agricultores locales. Los agricultores demolieron las criptas con idea de despejar el terreno antes de ponerlas a disposición de promotores inmobiliarios, según relató en su día la cadena France 24.

Por fortuna, la relativa distancia del sitio arqueológico de núcleos de población importantes permitió que Cirene se librara del fuego de las dos últimas guerras civiles. Posteriormente, en 2023, las inundaciones provocadas por el ciclón Daniel volvieron a ponerla en peligro. Su supervivencia ha sido un milagro y hoy podemos seguir disfrutando de los restos de la vieja ciudad helénica en su bello emplazamiento entre colinas del valle de Yebel Ajdar que miran al Mare Nostrum.

Sabratha y Ptolemais

Theatre of Sabratha, Libya. Imagen: © duimdog en Wikimedia Commons

Además de Leptis Magna y Cirene, han llegado hasta nuestros días en un buen estado de conservación los restos de Sabratha, también Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1982, una ciudad púnico-romana situada en la costa occidental a unos 60 kilómetros de Trípoli, la capital. En la que fuera un importante puerto comercial vinculado a Cartago y Roma destacan el gran teatro romano -uno de los mejor conservados de África-, el foro y los templos romanos (Isis, Serapis, Hércules), además de la basílica cristiana y la necrópolis. Por desgracia, a diferencia de otros sitios arqueológicos, Sabratha se vio afectada por fuego de artillería durante la última guerra civil.

Igualmente impresionantes son las ruinas de la ciudad de Ptolemais (o Ptolemaica), que, fundada en el siglo VI a.C. por los faraones de la dinastía Ptolemaica, fue una de las cinco urbes más importantes de Cirenaica (de la que fue capital hasta el siglo V de nuestra era). Situada en la costa nororiental de Libia a unos 110 kilómetros al este de Bengasi, destacan en sus ruinas el mausoleo y el teatro griego. A comienzos de 2025, un grupo de arqueólogos de la Universidad de Varsovia encontraron una misteriosa máscara de más de 2000 años de antigüedad junto a las paredes de una cisterna de agua.

Como en tantos otros aspectos de la nueva Libia, casi todo está por hacer en la puesta en valor internacional del rico y semidesconocido patrimonio arqueológico libio y en el regreso de investigadores extranjeros. Aunque los ayuntamientos donde se ubican los yacimientos se esfuerzan por preservar este legado sin demasiados medios, saben que todo pasa por consolidar la paz y la estabilidad del país. “Solo así podremos traer turistas, porque a día de hoy sigue sin haber prácticamente ninguno”, nos confiesan técnicos de la municipalidad de Shahat, junto a Cirene, de unos 45 000 habitantes y ubicada a unos 230 kilómetros de Bengasi.

En medio del escenario de incertidumbre actual, una de las buenas noticias de los últimos meses es la retirada por parte de la Unesco de la antigua ciudad libia de Ghadames -protegida por la entidad de Naciones Unidas desde 1986- de la lista de peligro en la que figuraba desde hace nueve años por mor de la guerra gracias a los trabajos de restauración llevados a cabo por las autoridades libias. Construida en un oasis a las puertas desierto del Sáhara, esta ciudad milenaria, cuya genuina arquitectura se adapta al intenso calor, ha ocupado históricamente un lugar destacado en la vida cultural y económica de la región como centro pacífico del comercio de caravanas dentro de la red transahariana. Locales y foráneos esperan ahora que los restos de las viejas ciudades helénicas y romanas de la costa libia corran semejante fortuna.

Autor: Antonio Navarro Amuedo

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