La política climática africana tiene un importante punto ciego: la desaceleración de la circulación atlántica

Pedro M.S. Monteiro

Guy Franklin Midgley

La película ficticia sobre el clima The Day After Tomorrow, estrenada en 2004, popularizó los efectos devastadores del repentino cambio climático en el planeta Tierra. La trama dramatiza las consecuencias del colapso de una corriente oceánica y conduce al hemisferio norte, en cuestión de semanas, a una edad de hielo.

El personaje principal, el paleoclimatólogo Jack Hall, descubre este riesgo tras el análisis de los datos extraídos de núcleos de hielo polares profundamente perforados. El vicepresidente de Estados Unidos ignora sus advertencias y el caos climático se desata.

La corriente oceánica de la película existe en la realidad. La circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC), conocida internacionalmente por sus siglas en inglés (Atlantic Meridional Overturning Circulation), es un poderoso sistema de circulación oceánica que transporta el calor y la sal entre los trópicos y el Atlántico Norte y desplaza el agua fría, densa y rica en CO₂, hacia el sur a través de las profundidades oceánicas. Esto influye en el clima de ambos hemisferios, pero de manera contraria. Cuando esta corriente funciona, enfría el hemisferio sur y calienta el hemisferio norte; sin embargo, cuando se ralentiza o deja de funcionar, enfría el hemisferio norte y calienta el hemisferio sur.

Veinte años después del lanzamiento de esta exitosa película, las investigaciones científicas recientes sugieren que el ritmo de desaceleración, que presagia un colapso, está aumentando y podría causar estragos antes de lo previsto. Esto enmarca la evaluación del riesgo, ampliamente adoptada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, como baja.

 ¿Cuáles son los riesgos para África?

La investigación realizada sobre el clima del pasado geológico, utilizando evidencias derivadas de los núcleos polares y modelos de simulación, muestra que la circulación de vuelco meridional del Atlántico se ralentizó bruscamente hace unos 12 000 años. Esto sucedió tras la entrada de una gran afluencia de agua dulce en el Atlántico Norte por el derretimiento de las capas de hielo de América del Norte, lo que perjudicó su salinidad. El colapso de esta circulación causó un enfriamiento abrupto que se extendió por Europa debido a la desaceleración del transporte de calor de la corriente del Golfo. Este calor, que quedó atrapado en el hemisferio sur, provocó un aumento de varios grados en la temperatura del sur de África.

La presencia de agua dulce en el Atlántico Norte se está produciendo nuevamente, esta vez generada por el deshielo de Groenlandia y la desaceleración de la AMOC, como se puede constatar.

Para el sur de África, esto implica, al menos, dos consecuencias.

En primer lugar, la estabilidad climática del sur de África está estrechamente relacionada con la AMOC. Esto se debe a que la corriente de Agulhas actúa como un cuello de botella en el sistema global de transporte de calor oceánico y tiene una gran influencia en el clima regional. En Sudáfrica, el calentamiento del país aumentará y se intensificarán los fenómenos extremos, como el calor, las lluvias y las tormentas; asimismo, podrían desencadenarse puntos de inflexión ecológicos y socioeconómicos a nivel local y regional. Como consecuencia, la rica biodiversidad endémica del Cabo occidental y meridional del país se vería amenazada.

Otra de las consecuencias es que, por todo ello, Sudáfrica es uno de los mejores lugares del mundo para observar, estudiar y predecir cambios en el sistema. Un programa de estudio sudafricano reforzaría la capacidad de informar a la región y al mundo sobre este riesgo en evolución, y fortalecería los efectos globales de la ciencia del país.

En Europa occidental, el colapso del sistema de circulación provocaría un gran enfriamiento y una sequía significativa, lo que reduciría el rendimiento de los cultivos y perjudicaría la actividad económica.

Por ende, la evaluación fiable de esta circulación y la alerta temprana de su debilitamiento tienen un valor inmenso.

Como científicos experimentados en el papel que desempeñan el océano y la tierra en el cambio climático, nos preocupan las consecuencias potencialmente perjudiciales que podría suponer el debilitamiento del sistema de circulación tanto para los ecosistemas como para los humanos. Creemos que este es un punto ciego en la estrategia científica y en la política climática de África. Asimismo, consideramos que es necesario un proceso más receptivo para actualizar las conclusiones del panel sobre el cambio climático relevantes a nivel regional entre los ciclos de evaluación global (que tienen lugar cada siete años).

Los científicos sudafricanos tienen la capacidad, las habilidades y la experiencia necesarias para implantar un programa de investigación con alcance mundial (para supervisar los parámetros clave) relacionado con la AMOC en el océano Austral y en las regiones costeras del suroeste de África. Esto contribuiría a garantizar la representación de la ciencia más documentada en un consenso internacional actualizado, así como en la planificación sudafricana de mitigación y adaptación al cambio climático.

El presente artículo aporta pruebas de que la AMOC podría superar un punto de inflexión durante este siglo, lo que podría garantizar su desaparición definitiva para 2100, aun bajo un escenario optimista. Esto desafía el sexto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. No obstante, el próximo informe tardará tres años en completarse, lo que dejará a los responsables políticos al margen de cualquier cambio, a pesar del peso de la evidencia.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha actualizado su evaluación de los riesgos de los puntos de inflexión, entre los que AMOC figura como ejemplo, afirmando lo siguiente:

Las pruebas científicas actuales respaldan de manera inequívoca la necesidad de adoptar medidas climáticas sin precedentes, urgentes y ambiciosas, para hacer frente a los riesgos de los puntos de inflexión del sistema climático.

Skyla Thornton es la coautora de este artículo.

Artículo escrito por Guy Franklin Midgley y Pedro M.S. Monteiro, publicado originalmente en inglés en The Conversation y traducido al español por Berenice Jorge Pestana para Casa África.

Imagen de portada: © Arvid Høidahl en Unsplash

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