Qué se espera de África en 2026

Imagen: facilitada por el autor del artículo © IMF

Rafael Gómez-Jordana Moya

Especialista en servicios financieros y relaciones institucionales

Se proyecta que África experimente un crecimiento económico sólido en 2026, con tasas del PIB estimadas en torno al 4 % según la UNCTAD, superando potencialmente el ritmo de crecimiento de Asia. Este impulso se ve favorecido por la inversión en materias primas y la estabilización macroeconómica, aunque enfrenta retos como la inflación y la deuda. La tasa de crecimiento poblacional anual estimada para 2026 es del 2,27 %.

El año 2025 marcó un punto de inflexión para la economía global. Entre el “shock Trump”, la sobrecapacidad china y las tensiones geopolíticas, las empresas se verán obligadas a redefinir sus estrategias, y África no es ajena a este panorama.

Entre el crecimiento económico y las tensiones políticas, el continente se prepara para vivir doce meses decisivos. La deuda amenaza a varios Estados y alrededor de diez elecciones futuras corren un alto riesgo. Por otro lado, una nueva generación está imponiendo sus demandas a las elites apegadas al status quo.

Vientos a favor

Los indicadores macroeconómicos parecen prometedores. Tanto África oriental como África occidental deberían constituir polos de crecimiento particularmente vigorosos, impulsados por la disminución de la inflación –después de los tumultuosos años posteriores a la pandemia de Covid-19–, por la aceleración de la transformación digital, que riega incluso las aldeas más remotas, y por una integración progresiva en las cadenas de valor globales.[i] En Kenia, Costa de Marfil, Ruanda y Marruecos siguen fluyendo inversiones extranjeras directas, particularmente en los sectores de telecomunicaciones, energía renovable y servicios financieros, una señal de renovada confianza en el potencial del continente. Las economías africanas registrarán un fuerte crecimiento nominal en 2026; sin embargo, muchos países de la región tendrán dificultades para convertir ese crecimiento en un desarrollo humano notable (incluso mediante la creación de puestos de trabajo fiables).

El África de 2026 se encuentra pues en este momento suspendido en el que todo sigue siendo posible. La vitalidad económica del continente, su demografía y su apetito por las nuevas tecnologías le ofrecen perspectivas reales de emancipación. Sin embargo, esta promesa solo se hará realidad si las élites finalmente aceptan aflojar su control del poder, político o económico, y entablar un diálogo sincero con los jóvenes que se niegan a que les confisquen su futuro. 2026 será un año de decisiones decisivas. Entre la facilidad del status quo y el coraje de reforma. Entre la renta de las materias primas y la audacia de la industrialización. Entre la retirada autoritaria y las reivindicaciones democráticas. El continente africano tiene todos los activos para transformar estos desafíos en trampolines: una población joven y relativamente educada, recursos naturales codiciados, una creatividad empresarial ilimitada y una escena cultural que ahora brilla en todo el mundo. Queda por ver si sus líderes podrán estar a la altura de este momento histórico. Porque 2026 no será un año como cualquier otro: bien podría marcar el comienzo de una nueva era, en la que el continente dejará de ser un espectador de la historia contemporánea y se convertirá en un actor pleno en ella para su propio beneficio.

Vientos en contra

Conflictos en África

África atraviesa una fase de conflictos armados de una magnitud pocas veces vista desde las grandes oleadas de guerras civiles de la década de 1990. Desde el Sahel hasta el Cuerno de África, pasando por África Central, los conflictos armados se multiplican y se prolongan en el tiempo. Ya no se trata de una sucesión de crisis aisladas, sino de un fenómeno estructural que debilita de forma duradera a los Estados y las sociedades. Él África subsahariana concentra una parte desproporcionada de los conflictos armados a escala mundial. Las causas de esta violencia son múltiples y complejas: pobreza, desigualdades, cambio climático, rivalidades étnicas, intervencionismo extranjero, etc.

Los principales focos de tensión entre los países más afectados se encuentran en:

  • El Sahel, Burkina Faso, Mali y Níger, que se enfrentan a una creciente inseguridad relacionada con la proliferación de grupos yihadistas.
  • La región de los Grandes Lagos: la República Democrática del Congo y Burundi llevan varias décadas sumidas en conflictos étnicos y políticos.
  • África Occidental: Nigeria, que se enfrenta a la insurgencia de Boko Haram, y Camerún, donde actúa la secta separatista ambazoniana, también son zonas de conflicto. Estos conflictos tienen consecuencias desastrosas para la población civil. Millones de personas se ven desplazadas, privadas de sus bienes y de sus medios de subsistencia. El hambre, las epidemias y la violencia sexual son moneda corriente en las zonas de conflicto.

El endeudamiento

¿Qué está pasando con la deuda pública en el África subsahariana?

Los niveles de deuda pública han aumentado considerablemente en el África subsahariana desde finales de la década de 2000, lo que ha suscitado preocupación por el sobreendeudamiento. Entre los factores que han contribuido a ello se encuentran la caída de los precios de las materias primas —en particular del petróleo—, que ha perjudicado a países exportadores como Angola, la República Democrática del Congo o Guinea Ecuatorial, así como la pandemia de COVID-19, que ha provocado una crisis económica y gastos adicionales para financiar los sistemas sanitarios y los programas de reactivación económica. La evolución del tipo de cambio también ha influido.[ii]

La deuda pública se estabilizó en 2023 en la región en torno al 60 % del producto interior bruto, un nivel elevado. Sin embargo, la situación sigue siendo muy dispar de un país a otro: la de Botsuana representaba el 22 % del PIB en 2024, frente al 111 % de Cabo Verde. (AFD Agence française de développement 2026)

«La deuda pública constituye un reto macroeconómico fundamental en el África subsahariana, quizá incluso más que en el resto del mundo», alertan Samuel Delepierre, Thibault Lemaire, Francine Nyankiye y Arthur Sode, del Fondo Monetario Internacional (FMI), en un análisis sobre la deuda pública en el África subsahariana publicado en L’Économie africaine 2026 (Éditions La Découverte).

En este contexto, la dinámica de la deuda pública constituye un factor estructurante de las trayectorias macroeconómicas. Si bien el riesgo de una crisis sistémica parece contenido, muchos gobiernos se enfrentan a un aumento del servicio de la deuda, una diversificación de los acreedores y compensaciones presupuestarias cada vez más limitadas entre inversión, gasto social y estabilidad macroeconómica, aun cuando el sector privado está particularmente mal financiado en África.

Los acreedores multilaterales están presentes y proporcionan una financiación importante, especialmente en tiempos de crisis. Sin embargo, los esfuerzos de colaboración entre los gobiernos, los acreedores bilaterales (como la Agencia Francesa de Desarrollo) y privados y las organizaciones internacionales parecen «esenciales para reducir el riesgo de sobreendeudamiento, liberar margen de maniobra presupuestario y promover un crecimiento económico sostenible en la región».

Tablero geopolítico en África

En el tablero de ajedrez geopolítico, África sigue siendo más que nunca un campo de competencia entre grandes potencias. Frente a sus socios tradicionales –Europa y Estados Unidos–, China, las monarquías del Golfo y Rusia redoblarán sus esfuerzos para garantizar su acceso a recursos mineros estratégicos, esenciales para la transición energética mundial y, en particular, para la industria de las baterías eléctricas.

Como señala el economista camerunés Célestin Monga, “a África no le faltan cortesanos, sino socios verdaderamente preocupados por su desarrollo a largo plazo”.

China está incrementando los acuerdos en el sector minero con la República Democrática del Congo, el principal productor mundial de cobalto. Los Emiratos Árabes Unidos están invirtiendo fuertemente en puertos e infraestructura logística, desde Berbera, Somalia, hasta Dar es Salaam en Tanzania. Rusia, por su parte, está desplegando a sus mercenarios del Cuerpo Africano –antes Wagner– para conseguir concesiones de oro en Mali, la República Centroafricana y Sudán. Pero es a nivel político donde 2026 promete ser particularmente peligroso. Se celebrarán elecciones presidenciales o legislativas cruciales en Argelia, Benín, Yibuti, Etiopía, Marruecos, República del Congo, Sudán de Sur, Uganda y Zambia. Elecciones de alto riesgo en un contexto regional inestable.

El declive democrático que hemos observado en los últimos años –múltiples golpes militares en el Sahel y control de ciertos poderes ejecutivos sobre las instituciones judiciales y electorales– sugiere protestas.

Elecciones 2026

Imagen: © Facilitada por el autor

Momento histórico para África

La vitalidad económica del continente, su demografía y su apetito por las nuevas tecnologías le ofrecen perspectivas reales de emancipación.

Las conclusiones para África son de todo menos evidentes y difíciles de mantener teniendo en cuenta el potencial y, al mismo tiempo, la dependencia de esta región de los mercados globales. Retos como diversificación de la economía, mayor proceso de manufacturación, participar más de las cadenas globales de valor (la tendencia debe cambiar a un mayor procesamiento de las exportaciones dentro de sus respectivos países) y superar paulatinamente el déficit crónico de infraestructuras físicas, principalmente en el sector energético, con una mayor dotación de financiación y más innovadora son los retos a los que África debe aspirar. Todo ello, además, con el fin de amortiguar lo cíclico de los comportamientos económicos mundiales cuando estos vienen adversos, como es el momento actual.[iii]


[i] Se proyecta que África lidere el crecimiento económico mundial en 2026, con un aumento del PIB estimado en torno al 4 % (y un 4,4 % específicamente en África subsahariana), impulsado por materias primas, inversión extranjera y una recuperación sostenida. Se espera que 11 de las 15 economías de más rápido crecimiento en 2026 sean africanas.

[ii] La carga de la deuda, acumulada durante la última década con eurobonos y préstamos bilaterales chinos, ha alcanzado niveles insostenibles en varios Estados. Aparecen Etiopía, que acaba de reestructurar 30 000 millones de dólares de deuda externa; Mozambique, sofocado por sus deudas ocultas; Túnez, al borde del impago, o Zambia, sumida en interminables negociaciones con sus acreedores entre los más expuestos a una aguda crisis financiera.

[iii] Geografía y Geopolítica: África, Rafael Gómez-Jordana Moya

Autor: Rafael Gómez-Jordana Moya.

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