100 millones de niños africanos siguen sin escolarizar: qué hay detrás de este problema y cómo solucionarlo

African children during english class, southern Ethiopia, East Africa. Imagen: © handynyah / iStock

Moses Ngware

A pesar de que numerosos países africanos han apostado por políticas de educación básica universal en las últimas décadas, los datos más recientes indican que más de 100 millones de niños y adolescentes siguen sin escolarizar, dentro de una población potencial total de 469 millones. Las últimas estadísticas revelan que, tras años de progreso, la situación está empeorando. Moses Ngware, el experto en educación y empoderamiento juvenil, analizó junto con su equipo de investigación las tendencias de los últimos 25 años. Estas son sus principales conclusiones.  

Tendencias de las tasas de escolarización en África en los distintos niveles educativos

En el año 2000, el número de niños y adolescentes sin escolarizar en primaria, secundaria obligatoria y secundaria posobligatoria superaba los 100 millones. En 2014, esta cantidad descendió hasta aproximadamente 90 millones, antes de aumentar una vez más hasta los 100 millones en 2025. En el contexto del elevado crecimiento demográfico de África, que excede el 2,5 %, estas cifras absolutas muestran que la escolarización no avanza al mismo ritmo que el aumento poblacional.

Sin embargo, entre 2000 y 2024, la proporción de niños y adolescentes sin escolarizar se redujo en todos los niveles educativos: descendió del 37 % al 20 % en primaria, del 47 % al 35 % en secundaria obligatoria y del 56 % al 47 % en secundaria posobligatoria, todo ello a pesar de que las cifras absolutas de menores sin escolarizar siguen siendo altas.

Aquellos países que registraron mayores avances fueron Costa de Marfil, Etiopía, Guinea, Madagascar y Mozambique. Estas mejoras se debieron principalmente a dos factores: por un lado, medidas políticas específicas que les permitieron alcanzar una elevada cobertura en poco tiempo; y, por otro lado, una fuerte voluntad política acompañada de un enfoque multisectorial. Entre las estrategias implementadas, figuran las transferencias monetarias condicionadas a los hogares, el suministro alimentario, la mejora del acceso a las escuelas y la puesta en marcha de políticas de educación universal que minimizan los costes de la escolarización para las familias.

Por el contrario, algunos países han mostrado poco o ningún progreso, entre ellos Angola, Cabo Verde, Lesoto, Sudán del Sur y Zimbabue. Las principales causas de estos modestos avances son la inestabilidad política, como en el caso de Sudán del Sur; el mal desempeño económico, como ocurre en Zimbabue; y el alto coste de oportunidad de la escolarización, como en Lesoto. En esta última situación, muchos niños abandonan la escuela como parte de mecanismos de supervivencia para hacer frente a la pobreza, recurriendo a actividades como el pastoreo de ganado. De hecho, solo uno de cada cinco niños acaba el último curso de secundaria posobligatoria.

Cambios importantes en los últimos años

En los últimos cinco años, se ha producido un aumento constante del número absoluto de niños y adolescentes no escolarizados, que ha pasado de 95 millones a 100 millones. De media, alrededor de un millón de niños no realizan la transición de primaria a secundaria, abandonan su educación o directamente no llegan a matricularse.

Existen dos factores principales detrás de esta tendencia. En primer lugar, la financiación: los efectos de las subvenciones a la educación básica universal de comienzos de los años 2000, que lograron que la enseñanza básica fuera accesible para numerosas familias, están perdiendo fuerza. De los 42 países africanos que contemplan la educación gratuita en sus políticas, solo tres estaban en condiciones de ofrecerla en 2025. Asimismo, la financiación educativa por parte de organizaciones multilaterales donantes también se ha reducido, con una caída del 7 % de la ayuda a la educación en África.

En segundo lugar, el impacto negativo del COVID-19 provocó que aproximadamente 10 millones de niños que abandonaron su educación a causa de los confinamientos nunca la retomaran, por diversas razones que comprenden los matrimonios forzados en el caso de las niñas y el trabajo infantil en el de los niños.

En todos los niveles educativos, se han registrado tasas superiores a las observadas en el pasado de niños y adolescentes no escolarizados en el Sahel, la República Centroafricana, Chad, Mauritania y el norte de Nigeria. Estos territorios se caracterizan por una violencia de carácter político, cambios climáticos extremos y un historial de baja escolarización.

La importancia para la sociedad de finalizar los estudios

Los principales beneficios sociales de la finalización de los estudios incluyen la transición hacia empleos dignos, el empoderamiento de las niñas y mejores resultados en salud. Un año adicional de escolarización aumenta los ingresos vitalicios de una persona en torno a un 10 % de media, con el potencial de incrementar su poder adquisitivo. Estos beneficios también llegan a los hogares, aportando estabilidad financiera y un mayor apoyo familiar.

En el caso de las niñas, la finalización de sus estudios resulta crucial para su participación en la toma de decisiones a nivel social. La investigación muestra que el poder de decisión de una mujer, en relación con la educación de sus hijos o las inversiones, aumenta con su nivel educativo alcanzado. Esto repercute en la independencia económica y la equidad de género en la sociedad.

Asimismo, y en relación con estos dos beneficios, los hijos de madres que han completado la educación secundaria tienen una tasa de mortalidad antes de los 3 años un 45 % inferior. Esto significa que dichos niños presentan aproximadamente la mitad del riesgo de fallecer antes de los 3 años que aquellos nacidos de madres sin estudios.

Las dinámicas de género

En 2025, la proporción de niños no escolarizados, situada en el 51 %, era solo ligeramente superior a la de las niñas. Sin embargo, la tasa de niñas sin escolarizar estaba en alza, con un incremento de dos puntos porcentuales en 10 años. Si este crecimiento se mantiene, la proporción de niñas no escolarizadas superará a la de los niños en los próximos años. Esto empeorará las vulnerabilidades que ya afrontan las niñas en situación de desventaja, tanto a lo largo de su trayectoria educativa como en su transición al mercado laboral.

Además, los progresos de las últimas tres décadas en la reducción de la brecha de género en la educación se verán perjudicados. La reversión de estos avances tiene consecuencias graves, en especial para las niñas; por ejemplo, es probable que aumenten los matrimonios a edades muy tempranas entre las mujeres, al igual que la maternidad adolescente.

Enseñanzas de los países mejor posicionados

Se pueden extraer varias lecciones importantes de los países que han conseguido reducir el número de niños y adolescentes sin escolarizar. En primer lugar, Argelia, Ghana, Kenia y Ruanda han contado con un sólido marco nacional de políticas, respaldado por voluntad política, mecanismos de coordinación central de alto nivel y el apoyo de socios donantes.

En segundo lugar, resulta clave la adopción de medidas de apoyo social específicas, como los programas de alimentación escolar y las transferencias monetarias condicionadas. De igual manera, se necesitan evaluaciones exhaustivas basadas en datos empíricos y fiables. En tercer lugar, es fundamental eliminar el cobro de tasas y otros cargos significativos en la educación básica, garantizando al mismo tiempo desembolsos financieros puntuales y el suministro de material escolar.

En cuarto lugar, se ha demostrado que las medidas de discriminación positiva dirigidas a los sectores vulnerables de la población constituyen una inversión de gran valor. Forman parte de estos grupos las niñas en situación de desventaja, los menores que viven en zonas rurales aisladas, los niños con discapacidad y aquellos procedentes de hogares pobres.

Por último, existen otras intervenciones que pueden aportar valor en función del contexto. Estas incluyen la reducción de las distancias de desplazamiento mediante la mejora de las infraestructuras, así como la flexibilidad en el acceso a la escolarización con mecanismos como la incorporación tardía para fomentar la asistencia. Otra medida son los planes de refuerzo educativo, que permiten acelerar el aprendizaje con el fin de recuperar el tiempo y los conocimientos perdidos.

Artículo originalmente publicado en inglés por The Conversation y publicado en español con la colaboración de Casa África. Traducción de Alba Rodríguez Barroso.

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