Khadim Tine es un apasionado de las ostras. Vestido con una túnica azul marino tradicional, del mismo color que el océano que baña el país donde nació, Senegal, habla apasionadamente de su profesión, la producción de bivalvos, y su empeño en aportar su granito de arena al desarrollo de su tierra y sus gentes. Hace poco más de un lustro se arriesgó a crear una granja de ostras en la laguna de La Somone, en el sur de Senegal. “Hacemos una cultura moderna de ostras como se hace en la cuenca de Arcachon o en Bretaña (Francia). Consiste en establecer un sistema de captura de ostras para su cría y crecimiento y, también, degustación. Estamos en todas las partes de la cadena de valor de la ostra,” afirma orgulloso el ostricultor. El mercado de bivalvos genera anualmente 4,6 millones de dólares en este país africano.
La ostricultura es un sector en auge en Senegal
Con la Estrategia 2022-2032 aprobada por el gobierno senegalés en este ámbito, se pretende aumentar un 30 % la producción de este molusco para 2032, llegando a producir 21 000 toneladas anuales de ostras, lo que satisfaría el 80 % de la demanda de ostras de este país africano. A día de hoy, Senegal importa ostras de países como Guinea Bissau, Sierra Leona o Gambia, pero también exporta de manera informal a países de la subregión.
Para llegar a este objetivo tan ambicioso de satisfacer el consumo local de ostras en este país saheliano, desde 2022 se está promocionando por parte de las autoridades del país la producción de granjas de ostras para poder alcanzar una producción ostrícola que generará, en 2032, 12 millones de dólares. Este marisco siempre ha sido recolectado y consumido por la población senegalesa, pero de manera tradicional. No existían granjas especializadas sino que se cogían naturalmente de los manglares. Hoy en día, en las granjas se crían solo 400 de las 16 000 toneladas de ostras que se producen anualmente en todo el país.
Para conseguir estos ambiciosos resultados, el sector se está estructurando y formando con la ayuda de la cooperación internacional y Naciones Unidas.
La producción de bivalvos se está modernizando en Senegal, se quiere producir más, pero también respetar al medio ambiente
Las mujeres siempre han controlado el sector de la ostricultura, se calcula que alrededor del 95 % de las recolectoras son mujeres. Antes cortaban las raíces del manglar para recuperar las ostras criadas naturalmente. Ahora, ponen captores de ostras en las zonas donde naturalmente hay nacimiento de estos moluscos para que se críen y crezcan sin necesidad de cortar los manglares. Así, las ostricultoras ya no dañan los manglares y consiguen con los captores recolectar las ostras más fácilmente, siendo su trabajo menos arduo al no tener que arrancar las plantas.
Los hombres realizan el trabajo de transporte de las ostras y también de la instalación de captores y bolsas de recogida de ostras. En total, hay más de 13 000 personas que se dedican a este sector emergente. Las senegalesas no solo son ostricultoras, sino que trabajan en asociaciones que realizan el secado, la cocción, el marinado y la comercialización de este molusco de lujo, participan en toda la cadena de valor. Cada vez más productoras se focalizan en el comercio de ostra fresca demandada principalmente por el sector turístico y expatriado en Senegal, aunque a nivel logístico es difícil mantener la cadena de frío y solo el 1 % de las ostras en Senegal se consumen frescas. Una docena de piezas de este molusco genera los mismos ingresos que un kilo de ostras secas. Se necesitan 70 kilos de ostras para producir un kilo de ostras secas, por lo que el negocio de estos bivalvos frescos es muy lucrativo.
“Esta ostricultura tradicional queremos que migre a una ostricultura moderna, es decir, hacer ostras de calidad que tengan un factor socioeconómico en África y que también tengan un factor medioambiental”. Senegal, al tener aguas más calientes, hace que las ostras crezcan más rápidamente. El sector de las ostras tiene un gran potencial en Senegal debido al clima de dicho país. Mientras que este molusco en Europa tarda 28 meses en poder obtener ostras comerciales, en el país africano se tarda entre 9 y 12 meses.
El marisco sigue siendo un producto que solo una parte de la población puede permitirse
“Lo que me gusta de este trabajo es que puedo hacer comer muchas más ostras frescas a los senegaleses de las que comían antes”. Aunque la producción de bivalvos ha aumentado en los últimos años, por el momento, solo la clase media y alta senegalesa y expatriada puede permitirse la compra de ostras. El kilo de ostras secas cuesta 3500 CFA (5,33 €) y el de ostras frescas valen 7500 CFA (11,40 €). Según un estudio de la FAO de 2023, existe una importación de ostras frescas de Francia que son consumidas principalmente por los expatriados en Senegal. El país galo es el mayor exportador de ostras en todo el mundo. Debido a la importancia de este negocio, los franceses no solo venden las ostras frescas, sino que también venden las redes de almacenamiento y los captores para la crianza de ostras a los senegaleses.
Según un estudio de la FAO en 2021, 800 000 personas en Senegal estaban malnutridas pero debido al precio de las ostras, solo una parte de la población puede permitir comprarlas regularmente. Ya que, de acuerdo a un estudio del Banco Mundial, la tasa de pobreza en el país era de 37,5 % en 2021 y 2022, por lo que una gran parte de la población no podría pagar un consumo habitual de este molusco.
El sector ostrícola se enfrenta a grandes desafíos
Por el momento, la mayor parte de la producción de ostras en Senegal es para consumo propio. La exportación a otros países de la región o europeos es complicada debido a las normas de sanidad y controles de calidad que deben pasar las granjas, por ello solo una pequeña parte consigue exportar sus productos. “Los agentes del Estado realizan controles de sanidad y calidad a las granjas, pero los funcionarios no tienen los medios suficientes,” afirma Waly Ndiaye, profesor e investigador del Instituto universitario de pesca y acuicultura de la Universidad Cheikh Anta Diop de Dakar.
Presentemente, “los manglares son dañados por la contaminación del agua de las fábricas de harina de pescado y otros productos que vierten sus vertidos al mar” confirma el investigador del Instituto universitario de pesca y acuicultura. La falta de control de vertidos al mar que no son tratados por las empresas en este país no solo daña los manglares, sino la biodiversidad marina.
Otro factor de riesgo que podría poner en peligro el creciente negocio de estos moluscos es el calentamiento global. “Tenemos miedo de cómo el cambio climático jugará un rol en las ostras por la acidificación de las aguas”, asiente Waly. Al estar cubiertas de materia calcárea, con aguas más ácidas, se generará una mayor mortalidad de las ostras. Asimismo, con el cambio climático “los manglares desaparecen con la erosión de las costas”, afirma el profesor universitario. El investigador afirma que se necesitan fondos en la universidad para poder estudiar los diferentes tipos de ostras que se reproducen en el país y su adaptación al cambio climático.
Así, este sector emergente que permite producir alimentos localmente y que son consumidos por la población, podría no desarrollarse como se espera para 2032 si no se lucha contra la polución y el cambio climático.
Artículo de Ana López García