Los bienes africanos saqueados deben ser devueltos: ¿Repatriación o restitución? Las palabras que usamos importan

Begraafplaats_Sartah_Bartmann. Imagen: © Albert~nlwiki en Wikimedia Commons

Ciraj Rassool

Victoria Gibbon

Los museos y universidades alrededor del mundo albergan inmensas colecciones de bienes culturales, obras de arte, enseres personales convertidos en objetos de exhibición e incluso restos ancestrales. Muchos no fueron cedidos libremente, sino que se tomaron por la fuerza, a través de manipulación, robo, o violencia, durante la época colonial. Durante décadas, han permanecido en almacenes y vitrinas, clasificados en categorías como antropología, historia natural o etnología, separados de los pueblos y comunidades a las que alguna vez pertenecieron.

En los últimos años, se ha ido reconociendo cada vez más que estas colecciones arrastran un pasado doloroso.

Las peticiones para que se devuelvan han pasado a formar parte de un debate a nivel global sobre la descolonización, la justicia y la sanación. En 2018, el presidente francés Emmanuel Macron elaboró un informe en el que se abogaba por una nueva ética de la humanidad, lo que desencadenó una nueva voluntad de devolver las obras de arte y la cultura material africanas. No obstante, África ya había solicitado la devolución al menos cinco décadas antes, a raíz del discurso del expresidente de la República Democrática del Congo, Mobutu Sese Seko, ante la ONU.

En todos estos casos, se suelen utilizar dos palabras: repatriación y restitución.

A simple vista, pueden parecer sinónimos, ya que ambos implican la devolución de algo. Sin embargo, como académicos sudafricanos que trabajamos en los ámbitos de la historia, los estudios museísticos y la biología humana, consideramos que la diferencia entre estos términos no es sólo semántica. La elección de palabra refleja cuestiones políticas más profundas relacionadas con la justicia, el reconocimiento y la reparación.

En nuestro último artículo, explicamos cómo entendemos esta diferencia y cómo la labor de restitución devuelve a las personas el poder y la capacidad de actuar sobre su futuro. Consideramos que, por su parte, la repatriación está menos relacionada con la restauración de la comunidad y tiene más que ver con un ejercicio administrativo y logístico.

Consideramos que, al contrario que repatriación, restitución apela directamente a la justicia.

Repatriación: el lenguaje del retorno

La palabra repatriación proviene del latín patria, que en español conserva la misma forma y significado. Tradicionalmente, el término hace referencia al retorno de una persona o de sus restos mortales a su país de origen. Los gobiernos suelen utilizar este término para referirse al traslado logístico y legal de personas, obras de arte o restos ancestrales de un país a otro.

En países fundados por colonizadores, como Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, repatriación se ha consolidado como el término predominante. Esto se debe, en parte, a leyes y marcos normativos específicos. En Estados Unidos, por ejemplo, la Ley de Protección y Repatriación de Tumbas Indígenas Americanas (Native American Graves Protection and Repatriation Act) obliga a los museos a devolver, de forma proactiva, los restos humanos y bienes culturales a las comunidades indígenas.

En Nueva Zelanda, el museo nacional Te Papa desempeña un papel central en la repatriación de restos ancestrales maoríes y morioris desde instituciones extranjeras, antes de devolverlos a las comunidades locales. En Australia, la decisión de repatriar por parte de activistas, comunidades y académicos buscaba también, de manera estratégica, establecer una conexión con la devolución de los restos de soldados caídos.

En estos casos, la repatriación se plantea a menudo como un proceso de devolución: los Estados o museos toman la iniciativa, y las comunidades la reciben.

Algunos académicos y activistas indígenas han puesto en tela de juicio este planteamiento, señalando sus tintes patriarcales y estatistas. Han introducido el concepto de «rematriación», que hace referencia al retorno a la «Madre Tierra» desde perspectivas feministas indígenas, la espiritualidad y el equilibrio comunitario.

También en Sudáfrica se ha empleado el término repatriación, sobre todo cuando el Estado ha organizado el regreso de restos mortales desde el extranjero, como en el caso de Sarah Baartman, devuelta desde Francia.

Baartman fue una mujer Khoe (pueblo indígena sudafricano, también conocidos como hotentotes en español) del siglo XIX que fue exhibida por Europa en espectáculos de fenómenos. Posteriormente, su cuerpo fue diseccionado por científicos en el marco de la ciencia racial y pasó a formar parte de las colecciones y exposiciones del Museo del Hombre de París. Con el tiempo, Baartman se convirtió en un símbolo internacional de la opresión de las mujeres negras y, al mismo tiempo, en el centro de las reivindicaciones de devolución por parte de los Khoe y de otros activistas y movimientos sociales de Sudáfrica.

También se ha empleado repatriación para referirse al retorno de los restos mortales de excombatientes y otros héroes.

Sin embargo, empezó a surgir cierto malestar. ¿Era este lenguaje adecuado para la profunda labor de justicia y sanación que pedían las comunidades? ¿O respondía más bien a una cuestión de prestigio nacional y no tanto a la restauración comunitaria?

Restitución: la justicia como política más allá de la transacción

La restitución consiste en devolver algo a su legítimo propietario, no solo como una transferencia de propiedad, sino como un acto de reconocimiento, reparación y sanación.

La restitución no es solo un acontecimiento, como la entrega de un objeto en una ceremonia. Es un proceso que requiere tiempo, es emotivo y, a menudo, doloroso. Implica investigar cómo se adquirieron los objetos, dialogar con las comunidades descendientes y tomar decisiones sobre cómo cuidar o rendir homenaje a lo que se ha devuelto. Supone reconocer que los bienes sustraídos no eran solo curiosidades u objetos, sino que estaban vinculados a la comunidad, al idioma, a las ceremonias y a la identidad.

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En muchos casos, los restos ancestrales fueron clasificados y cosificados como restos humanos y especímenes, despojándolos de su humanidad. La restitución, en cambio, les devuelve su dignidad y voz propia como antepasados.

La labor de restitución: sanación y reconexión

Nuestra investigación utiliza la expresión «labor de restitución» para describir el esfuerzo que conlleva. Esta labor va mucho más allá de la diplomacia, la logística y el transporte. Incluye:

  • Reconocimiento de las injusticias: Aceptar que los objetos fueron sustraídos indebidamente, ya fuera mediante violencia, coacción o robo.
  • Descosificación: Tratar los restos ancestrales y bienes culturales no como restos humanos y objetos de museo, sino como antepasados o tesoros culturales.
  • Participación comunitaria: Garantizar que los grupos descendientes y las comunidades locales decidan qué ocurre tras la devolución, en colaboración con los museos y gobiernos nacionales.
  • Procesos de sanación: Crear espacios para el duelo, la ceremonia y el cierre emocional.
  • Nuevos futuros: Concebir la restitución no sólo como la recuperación del pasado, sino como la apertura de nuevas vías para la renovación cultural y la justicia social.

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Por ejemplo, el programa de restitución de tierras de Sudáfrica ha demostrado que la restitución no consiste simplemente en devolver lo que existía antes. Se trata de crear condiciones para la justicia en el presente y abrir posibilidades para el futuro.

Del mismo modo, la restitución cultural no se centra tanto en devolver las cosas «a su lugar de origen», sino en empoderar a las comunidades para que reconecten con su patrimonio de formas que resulten significativas en la actualidad.

Por qué las palabras importan

La distinción entre repatriación y restitución no es un tecnicismo académico. Las palabras moldean el poder. Si la devolución se plantea como una repatriación, el énfasis suele recaer en la parte que devuelve, el Estado o el museo, que concede algo a cambio. Si se plantea como una restitución, el énfasis se desplaza hacia la parte que reclama, la comunidad que reivindica sus derechos y exige justicia.

La restitución no consiste en recuperar un pasado perdido. Ese pasado no puede restaurarse tal y como era. Se trata, más bien, de crear nuevos futuros basados en la justicia, la dignidad y el respeto. Para las comunidades de todo el mundo que aún viven el legado del despojo colonial, esa distinción es de vital importancia.

Artículo de Victoria Gibbon y Ciraj Rassool publicado originalmente en inglés por The Conversation. Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Danilo J. Medina Mederos

Imagen: © By Albert~nlwiki – Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50858331

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