Noémia de Sousa fue una poeta, traductora, periodista y militante política que es considerada la «madre de los poetas mozambiqueños» y la primera mujer negra en publicar poesía en Mozambique. Pero Vera Micaia (pseudónimo con el que también se hizo conocer) es, por encima de todo eso, una caja de resonancia que, más que escribir versos, los grita y arroja tras condensarlos en un manantial desde el que fluye una voz compartida, pero sobre todo ultrajada y sometida:
Nuestra voz se irguió consciente y bárbara
sobre el blanco egoísmo de los hombres
sobre la indiferencia asesina de todos […]
¡Nuestra voz, hermano!
Nuestra voz atávica llamando.
Nuestra voz luna llena en la noche oscura de esperanza
nuestra voz faro en un mar de tempestades
nuestra voz limando barrotes, barrotes seculares
¡Nuestra voz, hermano!...
Porque leer a Noémia de Sousa no supone simplemente leer una voz poética particular, sino que significa escuchar un canto común atravesado por el sufrimiento causado por la esclavitud y la dominación colonial:
[…] manos enormes, extendidas,
levantándose como quien implora y amenaza,
cuerpo tatuado de heridas visibles e invisibles, por los látigos de la esclavitud… (de su poema Si me quieres conocer).
En este artículo intentaremos alumbrar algo la trayectoria de esta poeta en el centenario de su nacimiento, degustando directamente algunos de sus versos.
Carolina Noémia Abranches de Sousa, más conocida como Noémia de Sousa, nació en Catembe, a las afueras de Lourenço Marques (hoy, Maputo), el 20 de septiembre de 1926. Noémia era mestiza y su ascendencia provenía de lugares como Portugal, Alemania, Goa, Isla de Mozambique o el propio sur de esta región. Criada en el seno de una familia acomodada, era la más pequeña de seis hermanos y pudo acceder a una educación que facilitó una precocidad que siempre la caracterizó, puesto que aprendió a leer de muy niña y toda su producción literaria quedó establecida antes de que cumpliera los veinticinco años. Su padre falleció cuando solo tenía ocho años y su infancia en Catembe, rodeada de sus hermanos y de la gente del pueblo, dejó un sello indeleble tanto en su biografía como en su poesía, como ella misma cuenta:
«Aquella casa de madera, con una gran baranda tipo colonial, era un punto de partida, un lugar de encuentro… Aquella casa me marcó para el resto de mi vida. Mi padre era un intelectual y mi madre era casi analfabeta, pero tenía toda la riqueza de una cultura…». En su Poema a la infancia distante apostilla:
Si hoy el sol no brilla como el día,
en que nací, en la gran casa,
a la orilla del Índico,
no consigo dormirme en la oscuridad.
Mis compañeros son guías seguros,
en mi ruta a través de la vida…
En aquel momento, Portugal dominaba aquella región del sur de África con un régimen colonial que todavía habría de durar hasta el año 1975 y que ella vio expirar desde la distancia. Porque tras la publicación de sus poemas la desterraron a Lisboa donde vivió entre 1951 y 1964. Allí, su oposición al Estado Novo de Salazar le obligó a un nuevo exilio en París que duraría hasta la caída la dictadura. En ese momento, volvería para instalarse definitivamente en Portugal hasta su muerte en Cascais en 2002, a la orilla del océano, tal y como transcurriría su añorada infancia.
En Mozambique, Noémia de Sousa publicaría sus poemas en periódicos y revistas (Journal da Mocidade portuguesa, O Brado Africano, Itinerário o Msaho) que atacaban el régimen portugués y que le acercaron a escritores e intelectuales revolucionarios y que, como decíamos, le acarrearon el destierro. Fue una década en la que se luchaba por crear una moçambicanidade, una identidad cultural mozambiqueña que luchaba por nacer a través de la reflexión sobre temas como la raza, la clase o la libertad. Así, Si este poema fuese nos dice:
Si este poema fuese más que un simple
sueño de niña…
Si nada le faltase para ser total realidad
en vez de apenas esperanza […]
Ay mi sueño…
Ay mi tierra mozambiqueña erguida
con una nueva conciencia, digna y madurada […]
¡Ah, si este poema fuese realidad y no solo esperanza!...
Esa búsqueda hace dialogar su producción con otros movimientos como la negritud o el renacimiento negro afroamericano, no solo a través de aspiraciones, sino de canales comunes inspirados en la musicalidad y oralidad africanas, siendo ambas características centrales de su obra. ¿Pero por qué la poesía?: «Comencé a escribir poesía como un hecho no planificado. Sucedió porque, al fin y al cabo, en nuestra sociedad todo reposaba sobre la mujer. La mujer era la esclava del esclavo y vivía de ese modo en la sociedad. Con todo, ella ejercía influencia en la sociedad, porque ella era la que criaba a los niños, era el centro de la familia y, sobre todo, era sobrecargada de trabajo. Yo sentí mucho eso».
La poeta inauguraba así la escena literaria femenina mozambiqueña, además de influir de manera decisiva en la conciencia nacional de Mozambique y en aquellos escritores e intelectuales de la esfera lusófona y africana que la conocieron. Cabe destacar que Noémia de Sousa solo escribió durante su estancia en Mozambique, pero ese silencio posterior no mitigó dicha influencia que, como señala María Carreño López, tiene en «la protesta, la denuncia de la esclavitud» o «la reificación del hombre africano por parte del colonizador europeo […] el tema central de una poesía determinada por las vivencias personales, deseos de rebelión y esperanza de cambio».
En un principio, sus poemas circularon por separado, de forma manuscrita y policopiada, como si lo hicieran a través de emboscadas guerrilleras. Parece ser que ella misma lo quería así y, de hecho, no fue óbice para que tuviera una amplia difusión. Y no fue hasta el año 2001 cuando la Associação dos Escritores Moçambicanos (AEMO) publicó Sangue negro, donde se reúnen 46 de sus poemas, escritos entre 1948 y 1951. Más tarde se volverían a reeditar en 2011 por la Editora Marimbique en el mismo país y en el año 2016 en Brasil por la editorial Kapulana. Una poesía surcada de afectos, emociones (la angustia, la soledad, la indignación, la solidaridad…) y por una corporalidad que hacen que sus ecos puedan sentirse desde cualquier temporalidad o latitud. Un ejemplo son estos versos del poema que da título al libro:
¡Que la fuerza de tu savia venza todo!
Y nada más fuese preciso que el hechizo impar de tus tantanes de guerra llamando,
dundundundundun-tam-tam-dundundundundun-tam-tam
nada más que la locura elemental
de tus tantanes bárbaros, terriblemente bellos…
para que yo vibrase
para que yo gritase,
para que yo sintiese, en el fondo, en la sangre, tu voz, Madre!...
Ahora en septiembre se cumplen cien años del nacimiento de esta poderosa poeta, cuyo Sangre negra todavía no ha sido editado en nuestro país, pero que quizá nos esté pidiendo a gritos que haya llegado el momento de conocerla de verdad:
Ah, esa soy yo: órbitas vacías desesperadas
por poseer la vida
boca desgarrada en heridas de angustia,
manos enormes, extendidas,
levantándose como quien implora y amenaza,
cuerpo tatuado de heridas visibles e invisibles
por los látigos de la esclavitud…
Torturada y magnífica,
altiva y mística
África de la cabeza a los pies…
Artículo de Rosauro Varo Cobos.