El 13 de abril comenzaba la gira del papa León XIV por el continente africano, que incluía Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. La visita del sumo pontífice es una de las más ambiciosas y amplias de las últimas décadas. Los países no han sido elegidos al azar, ya que estos poseen una gran relevancia estratégica en un entorno internacional cada vez más tenso.
La religión juega un papel de extrema importancia en África, un continente con una población en aumento y que se ha posicionado con el mayor número de bautizados, después de América Latina. A su vez, las órdenes religiosas juegan un papel de gran relevancia dentro de la política local. En muchas zonas, especialmente en áreas rurales, sacerdotes, monjas y misioneros actúan como mediadores locales o gestores de ayuda de organizaciones no gubernamentales. La Iglesia es un punto de encuentro donde se organiza la vida de la comunidad, y la misa de los domingos, uno de los eventos centrales de la semana donde la población se pone sus mejores trajes, algunos con estampados de imágenes religiosas. Al mismo tiempo, las órdenes religiosas, tanto nacionales como internacionales, juegan un papel fundamental en la provisión de servicios básicos, allá donde el Estado no llega. La creación de colegios, dispensarios y demás acciones de organizaciones humanitaria han ayudado a mejorar la situación de numerosas áreas por todo el continente.
Durante décadas, la Iglesia católica se ha centrado en gran medida en occidente, pero se puede observar cómo esta tendencia está cambiando. Primero, con la elección del primer papa latinoamericano, Francisco, el cual aseguraba después de su elección en 2013: «Me fueron a buscar al fin del mundo». Y ahora, continúa esta tendencia con una gira extensa por el continente africano por parte de su sucesor, León XIV.
Argelia tiene un gran significado para el papa, ya que este pertenece a la orden de San Agustín, siendo el primer papa moderno elegido de dicha orden. San Agustín pertenece a la ciudad de Hipona, que se encuentra en Argelia. El país norteafricano es mayoritariamente musulmán, por lo que el diálogo interreligioso juega un papel fundamental y se han denunciado situaciones de acoso a cristianos evangélicos y musulmanes ahmadis. En Camerún, el conflicto posee especial importancia debido a los conflictos en la zona anglófona del país, al que el papa ha dado especial énfasis al hablar sobre la necesidad de paz en los conflictos internos. Angola es uno de los países más estables del continente, pero aún hoy arrastra las secuelas de la guerra civil ocurrida entre 1975 y 2002. Por ello, el sumo pontífice ha hecho especial énfasis en la reconstrucción posconflicto. En el caso de Guinea Ecuatorial, se da la situación de haber experimentado un rápido crecimiento económico, pero las desigualdades sociales persisten.
Durante esta visita, uno de los principales eventos ha sido los choques dialécticos entre el presidente estadounidense y el papa León XIV. El pontífice trató de volver a centrar la atención en la visita al continente y en su mensaje de paz, pero las acusaciones vertidas por el presidente norteamericano llamaron poderosamente la atención. El papa criticó a los tiranos y cómo el mundo estaba siendo destruido por ellos. Es destacable que anteriormente había denunciado el “conflicto atroz” en Oriente Medio y la imposibilidad para los cristianos de poder celebrar los ritos de Semana Santa.
En los últimos años hemos observado intervenciones militares o conflictos que se entrelazan con narrativas religiosas y el continente africano no ha sido ajeno a ellas. Durante diciembre de 2025, Estados Unidos intervino en Nigeria atacando a grupos del Estado Islámico en el noroeste del país, en el Estado de Sokoto. El presidente estadounidense Donald Trump justificó este ataque como una necesidad para proteger a las poblaciones cristianas de Nigeria que supuestamente estaban siendo víctimas de un genocidio. Esta narrativa es falsa, ya que, aunque es cierto que existen altos niveles de violencia, estos no se dirigen contra un grupo étnico concreto. Si bien es cierto que existen altos niveles de violencia en el país, estos son de corte independentista o por la competencia por unos recursos cada vez más escasos. De acuerdo con la Convención para la Prevención del Genocidio de Naciones Unidas, el genocidio tiene lugar cuando “cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal: matanza de miembros del grupo; lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, y traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo”.
Sin embargo, esta narrativa en Nigeria se enmarca en un contexto más amplio de la perspectiva de la ultraderecha en Estados Unidos, que sostiene que hay una persecución a nivel global contra católicos y blancos. Otro de los casos fue la denuncia contra un supuesto genocidio contra la población blanca de Sudáfrica, que también ha sido desmentido. A su vez, es importante resaltar las publicaciones del presidente estadounidense, en las que se pone a sí mismo como “el papa” (o directamente como Jesucristo), aunque esta última fue borrada ante el alto nivel de críticas.
En este contexto, una figura de tal relevancia espiritual, como es el sumo pontífice, no puede ni debe quedarse al margen. Desde la Casa Blanca se dijo que no debía entrometerse en asuntos políticos, pero, aparte de ser el jefe de Estado Vaticano, durante esta gira el papa ha consolidado su rol como mediador y abanderado de la paz en África. León XIV ha abogado por la reconciliación y el cese de conflictos de carácter separatista, haciendo especial énfasis en el que se vive en Camerún. A su vez, ha declarado que la Santa Sede está preparada para facilitar encuentros cara a cara que faciliten los tratados de paz. El rol de mediación del Vaticano tiene un peso importante en esta situación, ya que es percibido como neutral sin buscar intereses propios, poder o presencia, sino la paz. Ya ha habido antecedentes, como la mediación por parte del papa Juan Pablo II entre Chile y Argentina, el mismo proceso entre Estados Unidos y Cuba por parte del papa Francisco o la participación de la Santa Sede en el contexto de la caída del muro de Berlín. Sin embargo, el presente rol mediador no está exento de críticas, ya que el Vaticano se enfrenta a cierto número de limitaciones. Se plantea si un actor sin poder coercitivo, cuya influencia descansa en el poder blando, puede influir realmente. A su vez, es importante tener en cuenta que la Iglesia en África es enormemente heterogénea, en la que conviven diversos movimientos y no todos se identifican con la Iglesia de Roma. A su vez, la diplomacia vaticana se ha caracterizado por su gradualismo y discreción, por lo que en algunos contextos su fórmula no resultará eficaz.
En este contexto, la gira de León XIV responde a las necesidades de un mundo cada vez más fragmentado. El continente africano no es solamente un escenario de evangelización, sino un punto determinante para la estabilidad global, que ha visto cómo los conflictos de otras áreas del mundo les afectan y desestabilizan directamente. En un periodo en el que la instrumentalización de la religión es cada vez mayor, la capacidad del papa para proyectar una voz autónoma, basada en la mediación y la legitimidad moral, será determinante.
Artículo de Andrea Chamorro González.