El Corredor de Lobito es un enorme eje de infraestructura que conecta la costa de Angola, ubicada en la zona occidental de África, con el interior del país, rico en minerales. Fue construido en las tres primeras décadas de 1900 para la exportación de materias primas baratas a la Portugal colonial y, posteriormente, cayó en el abandono. Su principal línea ferroviaria se rehabilitó durante el periodo de reconstrucción de Angola tras la guerra y, en la actualidad, ha vuelto a despertar un interés internacional competitivo.
Daniel Tjarks ha investigado la geografía política y económica de Angola, el desarrollo territorial de la Angola colonial y el papel actual de los actores internacionales del país. Asimismo, el desarrollo territorial de la Angola de posguerra y sus planes gubernamentales para promover un crecimiento más equilibrado y equitativo forman, también, parte de su tesis doctoral. Tjarks cuestiona algunas de las declaraciones políticas más entusiastas sobre los esfuerzos por reactivar el corredor. En particular, se cuestiona si este contribuirá a diversificar la economía angoleña, que depende del petróleo, y a beneficiar a los ciudadanos.
¿Qué es el Corredor de Lobito?
El Corredor de Lobito es un corredor logístico. En esencia, es una línea ferroviaria de 1300 km que conecta el puerto de la ciudad angoleña de Lobito con las regiones del este, ricas en minerales, como Zambia y la República Democrática del Congo.
Su componente más importante, el ferrocarril de Benguela, se construyó entre 1903 y 1931 por el ingeniero escocés Robert Williams bajo el dominio colonial portugués.
En aquel momento, era uno de los tres ferrocarriles independientes que conectaban los puertos de la colonia con el interior del país. De esta forma, la Angola colonial podía suministrar productos básicos baratos a Portugal.
Durante la guerra civil que siguió a la independencia de Angola (1995-2002), la línea ferroviaria quedó destruida. Sin embargo, una vez restablecida la paz, el país pudo reconstruir su infraestructura gracias al auge de la industria petrolera.
En 2023, un consorcio occidental superó a China como competencia y se hizo con una concesión de 30 años para la operación de la línea. El consorcio está formado por el comerciante suizo de materias primas Trafigura, la empresa constructora portuguesa Mota-Engil y el operador ferroviario belga Vecturis. Estos se han comprometido a invertir 455 millones de dólares exclusivamente para el desarrollo del corredor de Angola. El CEO de Trafigura, Jeremy Weir, afirma que esto no solo “creará una ruta occidental al mercado para bienes y materiales”, sino que también “impulsará el desarrollo de los sectores a lo largo de la línea”.
¿Por qué el corredor está generando nuevamente tanto interés?
Hay mucho en juego en el Corredor de Lobito. Mucho más allá de un proyecto de infraestructura regional, ha adquirido una importancia estratégica en la competencia global por los recursos más escasos.
El cobalto y el cobre provenientes de Zambia y de la República Democrática del Congo son esenciales para la transición hacia una energía limpia y una tecnología moderna en el ámbito de la comunicación. La RDC y Zambia juntas representan alrededor del 14 % de la producción mundial de cobre, y la RDC, el 73 % del cobalto.
El control del acceso a estos minerales es el núcleo de la creciente competencia entre Estados Unidos y China, a veces denominada «segunda guerra fría».
Por ello, el Corredor de Lobito se ha convertido en un proyecto de importancia a nivel global, lo que ha atraído visitas de alto nivel. En 2024, Joe Biden, presidente por aquel entonces, inspeccionó la línea marcando la primera visita de un presidente de Estados Unidos al continente desde 2015 y la primera de un presidente en funciones a Angola. En 2025, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier también realizó el viaje, siendo igualmente esta la primera visita de un presidente alemán al país.
Incluso la administración Trump parece haber decidido mantener los compromisos de apoyo al desarrollo del corredor.
En 2024, Estados Unidos, Europa, el Banco Africano de Desarrollo y los tres países anfitriones firmaron un memorándum de entendimiento para extender la línea hacia el este y movilizar inversiones a su alrededor.
En la séptima cumbre UE-UA, en noviembre de 2025, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, describió estos compromisos como una prueba del modelo europeo de inversión y de la asociación única y estratégica entre ambos continentes. La comisión se comprometió a movilizar préstamos e inversiones privadas para el corredor por un importe no inferior a 2000 millones de dólares.
Mientras Estados Unidos y la Unión Europea intentan contrarrestar la inversión de capital chino en Angola y en toda la región, el Corredor de Lobito seguirá desempeñando un papel fundamental.
¿Quién se beneficiará del Corredor de Lobito?
Existen buenas razones para mantener cierto escepticismo respecto a los beneficios que promete el corredor.
En primer lugar, algunos informes de referencia recientes señalan los importantes retos que plantea el desarrollo de la infraestructura institucional en materia aduanera y regulatoria. Otros análisis han puesto en duda la viabilidad comercial del corredor. El hecho de que los buques deban hacer escala en el puerto secundario de Lobito implicará costes adicionales. Además, existe la competencia de otras rutas, especialmente la del ferrocarril Tazara, construido por China, que conecta Zambia con Dar es-Salaam.
En segundo lugar, el modelo económico que sustenta el Corredor de Lobito dista mucho de representar una ruptura con el modelo extractivista. A lo largo de la historia angoleña, las materias primas han salido del país, mientras que las esperanzas de un crecimiento generalizado se han visto frustradas en múltiples ocasiones.
El consorcio que ahora opera el ferrocarril fundamenta su inversión principalmente en las expectativas de la demanda futura de minerales críticos. A pesar de que el énfasis político en las inversiones complementarias es digno de elogio, el corredor, según señala uno de los informes de referencia, no facilita de manera inmediata que la explotación de minerales se traduzca en un desarrollo más amplio.
Además, el país ya ha experimentado décadas de exportaciones de petróleo a gran escala que han dado pocos resultados tangibles para la población en general. En cambio, han impulsado una corrupción flagrante y un creciente descontento hacia un partido gobernante que ha estado en el poder desde la independencia.
Los economistas angoleños Alves da Rocha y Wilson Chimoco señalan que «las expectativas sobre el impacto en la diversificación económica son muy bajas».
El crítico del gobierno angoleño y periodista Rafael Marques de Morais ha llegado a calificar el corredor como «un espejo de todo lo negativo que sufre el continente: la deuda china, el oportunismo occidental, la sangre congoleña y el mal gobierno angoleño».
Según su opinión, «si la hipocresía necesitara un ferrocarril, se parecería exactamente al Corredor de Lobito».
Si el proyecto realmente busca beneficiar a todos, el gobierno tendrá que cumplir las promesas que cada vez menos angoleños creen que es capaz de cumplir.
Artículo escrito por Daniel Tjarks, publicado originalmente en inglés en The Conversation y traducido al español por Berenice Jorge Pestana para Casa África.