Reconstruir la memoria africana a través del arte

Mawuli con una obra suya y una camiseta en la que aparecen su madre y él interpretando una de sus obras. Imagen: © Ana López

Ana López García

Periodista freelance

El artista ghanés Oscar Korbla, conocido como Mawuli, convierte símbolos espirituales del África precolonial en un lenguaje visual contemporáneo que dialoga con la identidad y la memoria africana.

En la casa de sus abuelos en Accra, Mawuli conserva las fotografías que ha expuesto en lugares como Johannesburgo, Londres o Bucarest. En ellas aparecen modelos pintadas de blanco, cuerpos cubiertos por patrones inspirados en la escritura adinkra y máscaras que evocan espíritus ancestrales. Sus imágenes hablan de la identidad africana y de una herencia cultural que, a su juicio, la colonización y la globalización han ido erosionando.

Una escena de su infancia acabaría definiendo buena parte de su universo artístico. En la residencia de su abuela, cuando jugaba junto a sus hermanos, un grupo de personas enmascaradas entró en el recinto, vestidos con sus trajes tradicionales y máscaras. «Durante mucho tiempo tuve miedo de las máscaras. Me escondí debajo de la cama de mi abuela hasta que se fueron», explica. Años más tarde, esa experiencia se transformaría en uno de los elementos centrales de su lenguaje visual.

Más adelante, ya en la escuela secundaria, fue cuando empezó a estudiar arte africano, las narrativas que lo rodean, la identidad y sus significados asociados. «Solo cuando estudié arte entendí que las máscaras representaban nuestra espiritualidad, cultura e identidad», explica Mawuli. A partir de ese momento, la espiritualidad pasó a ocupar un lugar central en su obra.

Formado como pintor, hoy combina el arte con la fotografía. «Veo la araña como una criatura extraordinariamente creativa. Para tejer una tela hace falta ingenio», afirma Oscar. A partir de la figura de Kwaku Ananse, personaje folclórico de los cuentos tradicionales del pueblo Akan en Ghana y Costa de Marfil, Mawuli construye buena parte de su universo visual. Reconocido por su astucia, Ananse es un símbolo de inteligencia, supervivencia y ambigüedad moral dentro de esa tradición oral. En lengua akan, Anansi significa araña. Las telarañas son el centro de su lenguaje visual, que fusiona con símbolos tradicionales. «Pinto mis propios patrones sobre el cuerpo humano. Los llamo Anansinism», explica Oscar.

«Mi arte intenta ser contemporáneo sin perder ese toque precolonial». Identidad, descolonización y empoderamiento atraviesan el conjunto de su obra. Su intención es recuperar referencias culturales africanas desde un lenguaje visual contemporáneo capaz de conectar con las nuevas generaciones.

Ese mismo interés por recuperar la herencia cultural africana explica también la importancia que concede a las máscaras. A la que atribuye una profunda dimensión histórica y espiritual. Aunque durante años tuvo miedo de las máscaras, hoy ocupan el centro de su obra.

Para Mawuli, las máscaras no son un elemento decorativo. En muchas tradiciones africanas forman parte de la relación entre los vivos y sus ancestros. En la tradición akan, sostienen la creencia de que hay vida después de la muerte. «Creemos que nuestros ancestros están más cerca de nosotros de lo que pensamos», afirma.

Esa relación con el mundo espiritual se expresa a través de ceremonias y danzas rituales. «Cuando llevas una máscara ritual te conviertes en el espíritu que esa máscara representa», explica. Más allá de su dimensión espiritual, las máscaras también desempeñaban funciones sociales y políticas; por ejemplo, se utilizaban en contextos de guerra para intimidar al enemigo.

«Las historias que antes pasaban de generación en generación se están perdiendo gradualmente debido a Netflix y otras formas digitalizadas de entretenimiento», explica Oscar. «Esas historias enseñaban cómo vivir juntos, hablaban de nuestros tabúes y de nuestra cultura. Poco a poco están perdiendo su esencia», explica Oscar.

«El cristianismo ha cambiado la forma en que percibimos nuestra ascendencia o arte en África, así que existe el temor de acercarse para entender lo que este arte o narrativas representan», explica Oscar.

La desaparición de estas narraciones supone mucho más que el olvido de antiguos relatos populares. Significa también el riesgo de perder formas de entender el mundo que durante siglos se transmitieron oralmente entre generaciones. En ese contexto, el arte aparece como una herramienta para volver a abrir conversaciones sobre la identidad africana desde una mirada contemporánea, sin renunciar a las referencias culturales que marcaron el periodo precolonial. Sin embargo, en ese mismo proceso de pérdida han surgido nuevas formas de reinterpretación desde artistas contemporáneos que buscan reconectar esos símbolos con el presente.

La desaparición de esas narraciones conduce a una cuestión más amplia: quién conserva hoy la memoria africana y desde dónde se cuenta. Esa reflexión lo lleva inevitablemente al debate sobre las reparaciones y la restitución del patrimonio cultural. Ese proceso de pérdida cultural no solo afecta a la forma en que se narran las historias, sino también a la manera en que se entiende hoy la relación con el pasado.

El debate sobre la restitución de obras y del patrimonio africano ha cobrado una nueva relevancia en los últimos años, en un contexto en el que varios países europeos han comenzado a devolver piezas y objetos pertenecientes al antiguo reino ashanti, hoy Ghana; entre ellos, distintas instituciones en Alemania e Inglaterra.

Para Mawuli, el debate sobre la restitución no consiste únicamente en devolver objetos. También implica recuperar una forma de enseñar la historia para que las nuevas generaciones entiendan la importancia de cómo el trauma y el pasado colonial siguen teniendo efectos en el presente. «Sentimos que la enseñanza ha sido blanqueada: no aprendemos nuestra historia, sino la de nuestro amo esclavista. Esa brecha ha tenido un impacto en nuestra generación actual», afirma Oscar.

Por ello, defiende la necesidad de recuperar arte, monumentos y objetos retirados de África con el objetivo de reconstruir el vínculo con las raíces culturales y permitir nuevas formas de conocimiento desde el propio continente. Desde su punto de vista, ese patrimonio no debería permanecer exclusivamente en instituciones museísticas fuera de África. «Deberíamos tenerlo aquí; así, la gente preferiría venir aquí para aprender de nosotros, no al revés», sostiene.

Vivir del arte sigue siendo uno de los grandes desafíos para muchos creadores africanos. «La carrera de artista no es fácil», reconoce Mawuli. La falta de espacios, financiación e infraestructuras limita las oportunidades tanto en Ghana como en otros países del continente.

Como consecuencia, numerosos artistas terminan abandonando su práctica o buscan empleos más estables para garantizarse unos ingresos. O bien deciden buscar trabajo fuera del continente, donde el panorama artístico está más desarrollado. «Muchos creadores se ven obligados a viajar a Europa u otras partes del mundo, como Estados Unidos, en busca de oportunidades en el ámbito artístico», explica Oscar.

Aun así, una nueva generación de artistas africanos está ganando visibilidad internacional gracias a galerías, bienales y plataformas digitales. Mawuli forma parte de ese movimiento.

Su obra ha circulado en países como Sudáfrica o Reino Unido, donde esos símbolos encuentran nuevos públicos interesados en la cultura y tradiciones ghanesas. Para el artista, ese reconocimiento demuestra que las narrativas africanas pueden ocupar un espacio en el arte contemporáneo internacional sin renunciar a su identidad, reconstruyendo una memoria que, según él, nunca debió desaparecer.

Desde Accra, sus fotografías continúan viajando por galerías internacionales.

Artículo de Ana López.

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