En Rosso y Nuakchot, los pacientes con menos recursos se trasladan en busca de los cuidados de sanadores, reconocidos por su capacidad de aliviar el dolor y curar. Este artículo sigue estas rutas terapéuticas y tiene como objetivo entender cómo la movilidad transnacional se convierte en una estrategia de supervivencia y cuidado.
Introducción
La migración de pacientes africanos sigue siendo un tema bastante invisible y poco documentado, ya que la atención se enfoca más en la salud de los migrantes que llegan a las islas Canarias (Sirumal, et al., 2025). Sin embargo, a lo largo del espacio transfronterizo de Rosso y Nuakchot ha emergido otra dinámica migratoria: pacientes que viajan buscando cuidados para mejorar su salud y recuperarse con «medicina tradicional» (MT) (Shewamene, Dune, & Smith, 2017). En general, los grupos con ingresos medios y bajos son los que participan en este tipo de migración, incluidos conductores heridos, mujeres comerciantes y trabajadores expuestos a enfermedades respiratorias. Se trata de individuos que sufren condiciones crónicas o mal tratadas en sus países de origen, como Mauritania, Senegal y Mali, y que se establecen temporalmente en Rosso o Nuakchot, lo que sostiene el circuito terapéutico transnacional.
Este estudio se llevó a cabo entre los meses de marzo y abril de 2025 a través de entrevistas semiestructuradas y tiene como objetivo explorar las relaciones entre la movilidad y la búsqueda de salud en África occidental.
Información relativa a la salida y la estancia terapéutica en Rosso y Nuakchot
Estas migraciones dependen de una organización transnacional discreta pero estructurada. Primero, las visitas de los pacientes se coordinan a través de los asistentes de los sanadores, con los primeros contactos establecidos a través de testimonios de personas curadas anteriormente. Después, cuando la condición de los pacientes empeora, la familia decide consultar a un sanador por la urgencia y los recursos limitados que poseen. En la mayoría de casos, el paciente descubre al sanador por haber tratado a pacientes con casos similares, un conocimiento que circula a través de narrativas compartidas y los testimonios familiares. Después, la familia recauda fondos organizando un sistema flexible de contribución colectiva en el que los contribuyentes aportan tanto como puedan con sus medios. Finalmente, tras recaudar los recursos suficientes, contactan con los asistentes del sanador. Estos agentes gestionan citas, transmiten las recetas, tranquilizan a los nuevos pacientes y garantizan un seguimiento continuo a distancia.
Los pacientes no suelen viajar solos. Suelen ir acompañados de mujeres, ya sean sus madres, esposas o hermanas. Esta presencia femenina es importante. Las acompañantes ofrecen apoyo diario, como el baño del paciente, el cambio de ropa o la preparación de comida; seguridad emocional y la gestión de la estancia, incluidas las citas con los sanadores. Si los pacientes tienen que quedarse temporalmente en Rosso o Nuakchot no depende tanto de la severidad de la enfermedad, sino del ritmo de las consultas prescritas por los sanadores. Algunas condiciones, como la disfunción sexual o la posesión espiritual, requieren visitas frecuentes y sucesivas, lo que conlleva una estancia más larga cerca del sanador. Sin embargo, en muchos casos, los pacientes se quedan con familiares. Los tratamientos suelen requerir consultas espaciadas en el tiempo y, cuando los pacientes no viven lejos, particularmente entre Senegal y Mauritania, pueden regresar a casa después de cada sesión y volver al mes siguiente.
Incluso cuando se requiere una estancia prolongada, lo habitual es que los pacientes se queden en la ciudad durante un mínimo de dos días. Desde las 5 de la madrugada, se empiezan a formar colas frente a las casas de los sanadores y las personas esperan con una especie de paciencia contenida. Las consultas suelen empezar a las 8:30 de la mañana y los fines de semana suelen estar más ocupados, ya que es cuando las acompañantes no tienen tanto trabajo. Los viernes, en cambio, los sanadores interrumpen su trabajo para asistir a la oración colectiva musulmana, Jumu’ah.
El proceso de la terapia tradicional y espiritual
Los sanadores en Rosso y Nuakchot son, en su mayoría, hombres y mujeres de edad avanzada, normalmente de más de cincuenta años. Esta característica no es coincidencia, sino que refleja una concepción demandada de conocimiento terapéutico basado en la paciencia, la autodisciplina y un fuerte compromiso moral hacia los enfermos. Esta sabiduría se expresa a través de prácticas que, desde la perspectiva del paciente, requieren una intervención invisible. «Después de examinarme la pierna, el hombre cogió un palo y lo colocó sobre la fractura durante unos segundos. Luego me pidió que me fuera a casa. Pero durante la noche sentí un dolor profundo, como si un ser invisible me estuviera manipulando la pierna. Por la mañana, ya podía caminar. Lentamente, pero caminaba», cuenta su tratamiento un hombre tras fracturarse la pierna derecha, en el barrio de Escale.
Al mismo tiempo, las prácticas sanadoras también involucran remedios más discretos basados en sustancias naturales y un lenguaje ritual. Un claro ejemplo es el tratamiento para el asma. Una niña maliense de cinco años, acompañada por su madre, sigue un protocolo que combina la ingesta y la incantación. «Cada mañana se toma una cucharada de miel con una raíz secreta que nos dio el sanador. Por la tarde, el sanador recita unas palabras extrañas sobre su pecho. Después de unos días, empezó a recuperarse», cuenta la madre. En otros casos, la intervención del sanador requiere una interacción más directa con el cuerpo enfermo. «Tenía la pierna hinchada y llena de pus. El sanador la examinó, calentó una cuchilla y la colocó sobre mi pierna. No sentí el fuego. Luego recitó unas palabras extrañas y sentí como subía el dolor, como si algo fuese a salir. Después, me prohibió bañarme con agua durante un mes, solo podía limpiarme con aceite de oliva», contó una mujer en el barrio PK7, en Nuakchot.
Finalmente, a la hora de pagar se revela la particularidad ética de este cuidado. En muchos casos, la remuneración se adapta a los medios del paciente. «A menudo, es algo simbólico. Puede parecer muy poco, pero es lo que les indicaron que tenían que pedir durante su iniciación espiritual. Su norma es que no deben imponer una carga sobre los enfermos», explica un trabajador gambiano.
Conclusión
Estas migraciones relacionadas con la salud revelan un espacio terapéutico transnacional. En Rosso y en Nuakchot, el cuidado va más allá del tratamiento médico, involucrando relaciones, creencias y expectativas compartidas. Los pacientes y sus compañeras femeninas, los sanadores y los asistentes sostienen de manera colectiva un sistema accesible de cuidado adaptado a las condiciones sociales.
Lejos de ser marginales, estas migraciones representan otra manera de buscar salud. Los tratamientos son económicamente accesibles, pero requieren altos gastos en el viaje y un gran esfuerzo físico. Los pacientes cruzan fronteras de autobús en autobús antes de volver a casa con el cansancio del viaje y la esperanza de recuperarse.
Bibliografía
Shewamene, Z., Dune, T., & Smith, C. A. (2017). «The use of traditional medicine in maternity care among African women in Africa and the diaspora: a systematic review». BMC complementary and alternative medicine, 17(1).
Sirumal, E., Parpa-Rojas, S., Cassol-Spanemberg, J., Contreras-Madrid, A. I., Pérez-Jorge, D., & Velázquez-Cayón, R. (2025). «Descriptive study on oral health and pathologies in vulnerable migrant adolescents from North and West Africa». Scientific Reports, 15(1).
Artículo de Mbaye Baye Masse.
Este artículo ha sido financiado con cargo al proyecto “COMPASS” (1/MAC/4/7.2/0018), aprobado en el marco del programa de cooperación territorial INTERREG VI D MADEIRA-AZORES-CANARIAS, MAC 2021-2027, cofinanciado en un 85% con fondos FEDER
