Ébola en la República Democrática del Congo

Ebola_virus_particles. Imagen: © Thomas W. Geisbert en Wikimedia Commons

Andrea Chamorro González

El 15 de mayo, el gobierno de República Democrática del Congo declaró oficialmente un brote en la provincia de Ituri, situada en el noreste del país. Esta zona comparte una extensa frontera con Uganda y está caracterizada por un intenso tráfico de personas y mercancías ya que es muy permeable. Al mismo tiempo, la región de Ituri posee una gran complejidad al existir una muy limitada infraestructura sanitaria, existen zonas rurales de difícil acceso y se da la presencia de grupos armados. Todo ello hace que las intervenciones de los equipos sanitarios se vuelvan más complejas.

La rápida evolución del brote generó preocupación tanto a nivel nacional como internacional.

Hasta el 28 de septiembre las autoridades han registrado 8067 casos y 3901 fallecimientos, lo cual implica una mortalidad del 48,36 %. Los países fronterizos como República Centroafricana o Sudán del Sur han movilizado recursos de vigilancia ante la probabilidad de contagio.

El ébola es una enfermedad vírica de gran gravedad y a menudo mortal causada por el virus del género Ebolavirus. Esta enfermedad afecta a humanos y otros primates, por lo que puede haber una transmisión de animales a humanos. La transmisión entre humanos se produce principalmente mediante el contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de personas infectadas, así como con objetos contaminados por dichos fluidos. El origen de diversos brotes de ébola está relacionado con el contexto entre seres humanos y animales que portaban el virus. Diversos estudios han señalado la deforestación y la degradación de los hábitats naturales como uno de los factores que han favorecido la aparición de brotes. La destrucción de los hábitats naturales obliga a numerosas especies a desplazarse y acercarse a zonas habitadas por seres humanos, incrementando las posibilidades de interacción y la transmisión del ébola y otros patógenos. El gran brote de ébola registrado en África Occidental entre 2014 y 2016 puso de manifiesto la importancia de estos factores ambientales. De acuerdo con organizaciones como Médicos sin Fronteras, el brote se habría iniciado tras el contacto y la manipulación de animales infectados, probablemente primates u otros animales silvestres. La zona de la cuenca del Congo es el segundo pulmón verde del mundo y República Democrática del Congo posee la mitad de dichos bosques. La provincia de Ituri es una de las zonas de África Central que mayor diversidad alberga, contaba en 2020 con aproximadamente 4,3 millones de hectáreas de bosque natural. Sin embargo, en las últimas décadas la deforestación se ha incrementado y entre 2001 y 2025 perdió unas 650 000 hectáreas de cobertura arbórea y alrededor de 430 000 hectáreas de bosque primario húmedo. Esto es debido en parte a actividades como la minería de oro, el comercio de maderas y la agricultura. La combinación de factores ecológicos, sanitarios y sociales puede facilitar la aparición y rápida propagación de enfermedades infecciosas de gran impacto para la salud pública.

La mortalidad del ébola depende de la cepa del virus, así como de la rapidez del diagnóstico y del comienzo del tratamiento. Durante la gran epidemia que afectó a varios países de África Occidental entre 2014 y 2016, la mortalidad alcanzó aproximadamente el 71 % en determinadas zonas y momentos del brote, convirtiéndose en una de las crisis sanitarias más graves de las últimas décadas. Los primeros síntomas pueden confundirse fácilmente con otras enfermedades, ya que estos pueden ser dolor muscular, cansancio o dolor de cabeza. A medida que la enfermedad progresa, pueden aparecer vómitos, diarrea, alteraciones en la función de diversos órganos y, en los casos más graves, hemorragias internas y externas. Existen vacunas para determinadas cepas como la de Zaire, una de las más virulentas, pero no para todas. No obstante, no existe una cura definitiva para una persona que ya se encuentra infectada, pero los cuidados de soporte como la hidratación elevan las posibilidades de supervivencia.

La herramienta más eficaz para combatir el ébola es la prevención, basada en la detección temprana de los casos, el aislamiento de las personas infectadas, el rastreo de contactos y la aplicación de medidas de higiene y protección adecuadas. A día 9 de junio, en torno al 58 % de los casos pudieron ser rastreados, según declaran las autoridades congoleñas. La identificación rápida de los casos sospechosos permite que el virus no se extienda entre comunidades. Las campañas de vacunación también han demostrado una gran eficacia tanto en la propia población como en el personal sanitario a la hora de reducir la incidencia de determinadas cepas.

No obstante, la situación en la provincia de Ituri hace que la llegada de los protocolos de detección y los tratamientos de enfermedades lleguen más lentos o que directamente estos no lleguen. La región es rica en recursos estratégicos, pero también se dan importantes conflictos entre grupos armados. Los enfrentamientos, a su vez, provocan desplazamientos, lo que agrava la situación sanitaria y eleva las posibilidades de contagio, incluso para el personal sanitario desplegado en las zonas afectadas. A finales de septiembre, un agente de respuesta al ébola fue asesinado por un grupo armado no identificado mientras supervisaba un puesto de lavado de manos.

 El virus se expandió a otras zonas del territorio congoleño como Kivu norte y Kivu sur y Uganda, el país fronterizo. En este país han tenido lugar 20 casos confirmados de ébola y dos muertes. La Organización Mundial de la Salud declaró el fin del brote en el país el 26 de agosto.

La rapidez de expansión del virus despertó la alarma internacional, ya que debido a la ambigüedad de los primeros síntomas era posible que no se detectasen casos en otros países. Países como Emiratos Árabes Unidos han mantenido altos niveles de vigilancia tras la detección de un caso sospechoso que finalmente no estaba infectado con dicha enfermedad. En Estados Unidos sí se ha detectado un caso positivo que estuvo en contacto con pacientes en República Democrática del Congo que fueron trasladados a Alemania para recibir tratamiento.

La Organización Mundial de la Salud declaró que el riesgo de transmisión a nivel mundial era bajo, pero no ocurría lo mismo a nivel regional. Ante la gravedad de la situación, numerosas organizaciones a nivel mundial se han movilizado para prestar apoyo. La Unión Europea y UNICEF han enviado en torno a 100 toneladas de ayuda humanitaria destinada a las zonas afectadas. Entre los materiales distribuidos se incluyen medicamentos, equipos de protección individual para el personal sanitario, tiendas de campaña, material de higiene y otros suministros esenciales. Se espera que esta ayuda llegue a 100 000 personas afectadas.

Sin embargo, en los últimos años se ha observado una reducción progresiva de los fondos destinados a la cooperación sanitaria. Entre los casos más destacados se pueden encontrar las reducciones de fondos llevadas a cabo por Estados Unidos o la Unión Europea. Estos recortes afectan a cuestiones clave en la contención de pandemias como la prevención, vigilancia, rastreo y tratamiento. La disminución de la financiación puede debilitar los sistemas sanitarios de países con recursos limitados a la hora de formar al personal médico, mantener infraestructuras sanitarias o llevar a cabo campañas de vacunación.

Como consecuencia, existe el riesgo de pasar de una estrategia preventiva que se base en disminuir las posibilidades de brotes de enfermedades a una estrategia reactiva que se pone en marcha cuando la crisis sanitaria ya está desencadenada e incluso ha empezado a morir gente.

Al hablar de enfermedades como el ébola, esta diferencia es crucial. La experiencia en anteriores brotes ha demostrado que una respuesta temprana permite contener la transmisión y reducir significativamente el número de víctimas. Por ello, la inversión en prevención de enfermedades no solo responde a una cuestión humanitaria y de dignidad humana, sino también a una cuestión de seguridad sanitaria global.

Artículo de Andrea Chamorro.

Imagen del artículo: © Thomas W. Geisbert, Boston University School of Medicine – PLoS Pathogens, November 2008 direct link to the image description page doi:10.1371/journal.ppat.1000225, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6781370

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