Iniciativas africanas contra el cambio climático

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Antoni Castel

Doctor en Ciencias de la Comunicación, miembro de GESA

En África se demuestra que en la lucha contra el cambio climático, los inventos simples y económicos pueden convertirse en grandes soluciones. No es necesario recurrir a productos costosos, fabricados por multinacionales, sino que basta con utilizar las soluciones desarrolladas por alguna de las numerosas start up que se encuentran en el continente.

En el Salón de París Change Now, celebrado en abril, una de las estrellas fue Kidus Asfaw, un ingeniero etíope cofundador de Kubik, al que la revista estadounidense Time lo sitúa entre los 100 líderes climáticos más influyentes del mundo. Kubik recicla los residuos plásticos y los convierte en materiales de construcción, como ladrillos, vigas y columnas, que tienen un costo inferior y una calidad similar. En el proceso, se emite unas cinco veces menos de gases de efecto invernadero que en la fabricación de materiales de cemento.

“Nuestro producto cuesta casi un 40% menos por metro cuadrado que el utilizado en los edificios tradicionales de hormigón, es dos o tres veces más rápido de construir y requiere mano de obra poco cualificada”, asegura Asfaw a Disrupt Africa. Kubik, que opera en Etiopía y Kenia, contribuye a la eliminación de 45 toneladas al día de plásticos dañinos para el medio ambiente. Se estima que en África tan solo se recicla el 4% de los plásticos producidos.

Luz para hogares sin electricidad

Otra iniciativa que ha tenido mucho éxito es M-Kopa, creada en Nairobi en el año 2011. M-Kopa ofrece paneles solares con los que se puede alimentar de energía a hogares situados en barrios o aldeas a los que no llega la red eléctrica. La batería, incluida en el kit, permite almacenar una energía suficiente para alumbrar tres bombillas de bajo consumo y cargar los teléfonos móviles. El usuario paga una pequeña cantidad diaria, y al cabo de un año es propietario del equipo.

En 2024, M-Kopa había llegado a cinco millones de usuarios en Kenia, Uganda, Nigeria, Suráfrica y Ghana. Ha tenido una buena acogida porque el panel solar es más barato que el queroseno utilizado para alumbrarse, y menos contaminante. M-Kopa es una creación de Nick Hughes, bien conocido en Kenia por impulsar M-Pesa, una plataforma de pago por teléfono móvil. Lanzada en 2007 en Kenia por Safaricom, M-Pesa (pesa significa dinero en suajili) permite a los usuarios pagar facturas y hacer transferencias sin tener una cuenta bancaria. Una revolución hace casi veinte años, al incorporar al sistema financiero a millones de personas con escasos recursos, a los que la banca tradicional había ignorado. M-Pesa está implantado también en Uganda, Tanzania, Ruanda y Afganistán.

Empleos para mujeres

En Ghana, la joven Awurama Kena-Asiedu (31 años), preocupada por la contaminación provocada por las bolsas de plástico, crea la empresa Ramaplast, que fabrica bolsos y mochilas para los escolares a partir de dichos desechos. Con su iniciativa, consigue, por un lado, reciclar plásticos que van a parar a los vertederos y, por otro, dar empleo a más de cincuenta mujeres.

En Tanzania, alarmados por el avance de la desertificación, un neerlandés afincado en el país, Dennis Karpes, y un tanzano, Peter Westerveld, crean la ONG Justdiggit, que enseña a los agricultores cómo deben podar los troncos con el fin de que rebroten. Al mismo tiempo, excavan pozos, que retienen el agua de la lluvia. Con las dos medidas, evitan la erosión de unos suelos ya castigados. Los resultados se ven en pocos años: rebrota la vegetación, aumentan las lluvias y se llenan las capas freáticas. En uno de los proyectos, en el que se excavaron unos 110.000 pozos en Kuku, en Kenia, se benefició a unos 5.000 masais.

Similar en sus prestaciones a M-Kopa es Bboxx, fundada por tres estudiantes de Ingeniería Electrónica del Imperial College de Londres en el 2010. Bboxx proporciona paneles solares y baterías, que se pagan por el uso. Una propuesta que ha tenido buena acogida en la República Democrática del Congo (RDC), Ruanda y Kenia. Su vocación africana se confirma con el traslado de su sede central de Londres a Kigali, hace un año.

En Uganda, una aplicación, Weyonje, desarrollada por una empleada municipal de Kampala, Eunice Namirembe, permite que los residentes informen del estado de las letrinas. Con estos datos, el ayuntamiento puede programar el vaciado y limpieza de las letrinas, en una ciudad cuya red de canalización no es muy extensa. A través de la aplicación, los residentes reciben consejos de higiene, como la necesidad del lavado de manos y manipulación de los alimentos, y asesoramiento acerca del tratamiento de residuos.

Bombas de agua con energía solar

En Kenia surge en el 2017 la iniciativa Irri-hub, cuyo propósito en instalar bombas de agua solares y kits de gota a gota, indispensables en muchas zonas del país en las que han disminuido las lluvias. Unos 2.000 pequeños agricultores se han beneficiado de Irri-hub, que también proporciona cursos de mejora de las técnicas

agrícolas y contacta a los productores con los mayoristas, con el fin de que puedan obtener mayores ingresos por su cosecha.

También en Kenia, una aplicación, Mzizi, es muy utilizada por los productores de patatas. El uso de la aplicación, en inglés, francés, suajili y malgache, es gratuito, aunque cobra las visitas a las explotaciones agrícolas, que pueden ser virtuales o presenciales. Unos 15.000 pequeños y medianos agricultores han recurrido a los servicios de Mzizi, una aplicación con vocación africana. Más del 40% de los usuarios son mujeres.

En Nigeria, Nnaemeka Ikegwuonu funda en el 2015 en el Estado de Imo, en el sureste del país, ColdHubs, una empresa dedicada al alquiler de cámaras de frío, que funcionan con energía solar, fabricadas con materiales locales. Instaladas en los mercados, y gestionadas en gran parte por mujeres, cada cámara almacena tres toneladas de productos agrícolas perecederos. Una vez refrigerados, se extiende su vida útil de dos o tres días a tres semanas.

Mediante la cámara de frío, se combate una de las tragedias del campo africano: el desperdicio de millones de toneladas de productos que no se pueden comercializar. Se estima que en Nigeria el 45% de las verduras y el 35% de la fruta se pudre, sin llegar al consumidor. Al pudrirse, además, libera a la atmósfera gas metano, agravando el efecto invernadero.

Artículo de Antoni Castel, doctor en Comunicación e investigador del GESA

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