Tan solo dos días después de la aprobación de la estricta nueva ley anti-LGTBQ+ en Senegal, Malick Ndiaye, un batería de 17 años, fue asesinado. Ndiaye vivía en Tivaouane Peulh, en la región de Thiès, al este de Dakar, la capital del país. Se encontraba sentado por fuera de su casa cuando un grupo de adolescentes de entre 13 y 15 años se acercaron y comenzaron a lanzarle insultos homófobos. Le dijeron que todos los baterías tradicionales masculinos en Senegal eran homosexuales. El ataque físico comenzó y, mientras Ndiaye intentaba defenderse, uno de los adolescentes lo apuñaló con un cuchillo. Más tarde, falleció en el hospital.
Unas semanas antes, un conocido presentador de televisión, Pape Cheikh Diallo, y docenas de otras personas fueron arrestados por sospechas de ser homosexuales, lo que ha desatado indignación pública mientras las autoridades relacionan intencionadamente la homosexualidad con la transmisión del VIH. En ese mismo periodo de tiempo, casi lincharon a un joven en Ouest Foire, un barrio de Dakar, tras ser acusado de presentarse de manera femenina y llevar un bine bine, una cadena de cuentas para la cintura. En un intento de salvar su vida, se metió corriendo dentro de una casa y pidió que llamasen a la policía, pero, cuando esta llegó, lo arrestaron por sospecha de homosexualidad.
Aunque estos casos sean desesperanzadores y abrumadores, estas situaciones no son sorprendentes ahora mismo en Senegal. Así es cómo la homofobia apoyada por el Estado refuerza la homofobia social y viceversa. El gobierno senegalés prioriza el discurso homófobo, otorgándole así a los ciudadanos el permiso social para vigilar, acosar, violentar y matar a cualquiera del que sospechen que sea o viva por fuera de los límites de género establecidos.
El borrado sistemático de la realidad queer en Senegal
Hoy en día en Senegal, la sexualidad es algo de lo que, en general, no se habla, incluso a nivel individual, a pesar de la historia y de la gran contribución al tema de académicos senegaleses. Cuando se menciona en público alguna identidad LGTBIQ+, la conversación cambia completamente de rumbo, se centra en religión, moralidad o política y rara vez se indaga en la humanidad de esas personas. El día a día de una persona LGTBQ+ en Senegal se basa en esconderse, mantenerse callada y vivir con miedo de ser expuesta, arrestada o asesinada.
Mouhamed Mbougar Sarr, escritor senegalés ganador del premio literario Goncourt por su novela que explora este tema tabú De purs hommes (Hombres puros), explicó en 2018 cómo un buen homosexual en Senegal es aquel que se esconde, aquel que se dedica al entretenimiento público o aquel que esté muerto.
En octubre de 2023, en Kaolack, una ciudad a tres horas en coche desde Dakar, tuvo lugar un acto de una violencia escalofriante: una ejecución póstuma, la profanación de un cadáver como castigo. Una comunidad exhumó, desfiló y quemó el cuerpo de un joven acusado de ser homosexual. Incluso tras la muerte, la mínima sospecha de ser homosexual fue suficiente para arrancarle la dignidad que nuestras culturas dictan que le debemos a los muertos. No se llega a este punto de la noche a la mañana. Esta crueldad ha empeorado con fuerza y cada año se vuelve más dura que el anterior. Muchas personas de las que se sospecha que son homosexuales han sido atacadas por multitudes, humilladas públicamente y asesinadas, mientras esta violencia sigue creciendo con impunidad.
En febrero del 2008, una revista de prensa rosa publicó fotos reconocibles de un encuentro privado en 2006 y las describieron como un «matrimonio gay», lo que provocó un rechazo religioso, agitación mediática y arrestos por parte de la policía incluso sin pruebas de conducta homosexual. En diciembre de ese año, días después de que Senegal acogiese la 15ª Conferencia Internacional sobre el Sida y las ITS en África (ICASA), la policía arrestó a trabajadores promotores de salud sobre el VIH/sida que atendían a hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres. Cada uno recibió una pena de ocho años, sin pruebas que respaldaran este castigo. Aunque se les dejó en libertad en abril de 2009, importantes líderes religiosos han usado el caso para hacer un llamamiento público para «eliminar a los homosexuales».
El 11 de marzo, la Asamblea Nacional de Senegal votó para duplicar de cinco a diez años la pena máxima de prisión para las personas que mantengan relaciones con el mismo género. Los denominados «actos contra la naturaleza» incluyen la homosexualidad, la bisexualidad y la «transexualidad». Esta reforma criminaliza también el apoyo o la defensa de estas relaciones y otra sorpresa es que, además, la ley contempla penas por acusaciones falsas. Se aprobó con un apoyo casi total y está a la espera de la aprobación presidencial.

La historia queer de Senegal que no pueden esconder
El Goor-Jigeen, traducido de manera muy general como «hombre-mujer» en wolof, solía tener un papel respetado en la sociedad senegalesa y abarcaba desde hombres que amaban a otros hombres hasta aquellos que expresaban feminidad, sin importar su sexualidad. Las mujeres los valoraban mucho como compañeros y en el entretenimiento, y el matrimonio con hombres era aceptado públicamente. Los cambios que vinieron durante la época colonial y poscolonial marcaron una marginalización hacia esta identidad que había estado integrada.
En algunas producciones literarias, Dakar se conocía como la ciudad «gay» en 1949 y la tolerancia siguió creciendo hasta la década de 1970. Múltiples estudios han demostrado que Leopold Sédar Senghor, el primer presidente de Senegal, y Blaise Diagne, el primer africano en ser elegido como diputado en el Parlamento francés, utilizaban las palabras grandes dammes y goorjigéen en sus campañas electorales.
El antropólogo senegalés Cheikh Ibrahima Niang ha compartido numerosas publicaciones en las que habla sobre cómo el significado de los Goor-Jigeen ha ido limitándose desde la década de 1980, que ahora se utiliza para referirse solo a la persona que «recibe» durante las relaciones dentro de una pareja homosexual masculina, reduciendo una identidad que antes era fluida a una categoría estigmatizada. Este nuevo significado tiene importancia, ya que ahora los Goor-Jigeen son vistos como una violación de la cultura del honor.
El académico senegalés Babacar M’Baye, en su libro sobre la homofobia en Senegal The Origins of Senegalese Homophobia: Discourses on Homosexuals and Transgender People in Colonial and Postcolonial Senegal, destaca que durante el día del año nuevo islámico, Tamkharit (también conocido como Ashura), la gente se viste del género opuesto y adopta nuevos roles de género, lo que demuestra un espacio simbólico para la diversidad de género en la cultura senegalesa.
El sometimiento de las personas homosexuales y de la diversidad de género en Senegal son reacciones binarias superficiales al neocolonialismo.
M’Baye afirma que los discursos homófobos actuales que invocan patriotismo, diferencia cultural y moralidad para justificar el sometimiento de las personas homosexuales y con diversidad de género en Senegal son reacciones binarias al neocolonialismo. Enfatizó en la idea de que varias representaciones de personas homosexuales y transgénero en el Senegal contemporáneo son similares a aquellas descritas por los europeos durante el periodo colonial. Hoy en día, una rápida búsqueda en redes sociales sobre los Goor-Jigeen nos expone a un mundo lleno de la peor deshumanización y violencia contra las personas queer.
Una movilización anti-LGTBQ+ renovada
En agosto de 2025, los medios difundieron que una investigación judicial en Francia había destapado una red internacional de pederastia. Pierre Robert, un rico empresario francés de 72 años, fue arrestado por organizar el abuso sexual de hasta 150 menores, entre ellos alrededor de 20 niños senegaleses. Además, se descubrió un acto muy grave: la transmisión voluntaria de VIH. En febrero de 2026, doce personas, entre ellas Pape Cheikh Diallo, fueron arrestadas por presunta homosexualidad.
Aunque estos dos casos eran completamente distintos, el discurso que le seguía intentaba relacionarlos y permitir que la narrativa cambiase conforme lo necesitase. El público acusó a Diallo rápidamente de ser la marioneta de un hombre blanco para transmitir el VIH a chicos jóvenes. De nuevo, los casos de Diallo y de Robert Pierre son distintos. El segundo es una red de pederastia, mientras que el de Diallo es un caso de adultos que hacen con consentimiento lo que quieren con su cuerpo. Ser queer no es una forma de abuso, como el Estado de Senegal ha intentado imponer en la ley y en esos casos. Las personas queer, como cualquiera en la sociedad, pueden abusar de otros, pero la narrativa de que ser queer es sinónimo de «abusador» es una clara táctica de instrumentalización utilizada por el Estado y la sociedad para justificar el acoso y la violencia.
Durante su turno de palabra en la Asamblea Nacional de Senegal, uno de los diputados, Diaraye Bah, dijo en francés que, en Senegal, los homosexuales no van a seguir respirando y que ya no tendrán la libertad de expresión.
Todos los seres humanos merecen respirar, también en Senegal. El joven Malick Ndiaye debería estar respirando. Era tan solo un adolescente intentando sobrevivir como batería en una agobiante situación económica, asesinado por niños de su propia comunidad pobre y al que le negaron la oportunidad de respirar y de vivir por una homofobia impulsada por la política que apoya la justicia por mano propia. La vida de Ndiaye se vio interrumpida por una homofobia política que permite a la sociedad hacer de policía y que determina quién respira y quién no en Senegal.
Hace unas dos semanas, se denunció una violación grupal a una niña de 14 años por parte de un grupo de adolescentes de entre 12 y 15 años. Entre el acoso, la tortura, el asesinato de personas por sospecha de ser homosexuales y la violación de chicas jóvenes, la juventud ha encontrado su propia manera de escapar de las miserias del país. Desafortunadamente, las mujeres, las niñas y las personas queer son las elegidas para recibir los golpes.
Hasta marzo, 41 personas acusadas de homosexualidad han sido arrestadas en relación al caso del presentador Diallo, y este número no hace más que aumentar cada día, con muchas personas sin representación legal en medio de un ambiente de miedo. Aunque la mayoría de los titulares han sido sobre arrestos de hombres, algunas fuentes afirman que la policía está investigando una «red lésbica». Mientras que la mayor parte de la literatura habla sobre la existencia de hombres gay y expresiones trans, las experiencias de las mujeres queer en Senegal siguen en la oscuridad, igual que la violencia hacia ellas.
La hostilidad ha aumentado, los cambios legales y la retórica de odio permite a cualquiera en la sociedad acosar, abusar y matar.
Los senegaleses queer se han convertido en un blanco, una sospecha y un enemigo del Estado y sus líderes utilizan la ola del populismo para implementar un nacionalismo erótico. Este nacionalismo es un proceso por el cual actores políticos movilizan deseos sexuales, comportamientos e identidades para definir los límites de la comunidad imaginada, instrumentalizando de manera efectiva estas facetas íntimas de la vida para determinar quién «merece» la nacionalidad y a quién se excluye del colectivo nacional. La repetición regular de las mentiras de que la homosexualidad es algo extranjero, un «concepto occidental» traído desde fuera de África, se ha convertido para los líderes religiosos, políticos y personajes públicos en una competición para ver quién perjudica o destierra a la homosexualidad de la sociedad.

Quién se beneficia de la homofobia política
El presidente Bassirou Diomaye Faye y el primer ministro Ousmane Sonko se comprometieron durante la campaña electoral a criminalizar las vidas queer y ese tema era, sin duda, el blanco más fácil al que podían recurrir en mitad de la frustración tras dos años al poder. El presidente y el primer ministro se encuentran atrapados en un claro conflicto de poder mientras el país se enfrenta a una serie de crisis relacionadas con las deudas y los hogares luchan contra la inseguridad alimentaria y los desafíos económicos. La legislación anti-LGTBQ+ es algo que podían ofrecer juntos debido a la alta aprobación social, mientras luchan contra una larga lista de promesas radicales de la campaña.
Aun así, con toda la proyección y el intento de borrado de la existencia de senegaleses queer, esto no hubiera ocurrido sin ayuda externa. Un estudio de Reuters ha mostrado que un grupo con base en Estados Unidos, MassResistance, colaboró con la red activista senegalesa And Samm Jikko Yi en una campaña antes de la aprobación de la ley, lo cual refleja perfectamente la continua influencia occidental en la vida del país. El mando político y los líderes religiosos conservadores se están lucrando mientras dejan a nuestras comunidades bajo una peligrosa autovigilancia y violencia contra personas «sospechosas» de ser queer.
La deshumanización y la movilización masiva de las emociones de la comunidad esconden los propios fracasos del gobierno y su inhabilidad para alimentar y educar a su gente y preocuparse por ella.
El fracaso del gobierno puede medirse por la velocidad con la cual su homofobia política se reproduce, con la juventud que comete ahora cada día actos de odio y violencia atroz normalizados por el Estado senegalés.
Los dos líderes y sus seguidores quieren eliminar a las personas queer de nuestra historia, de nuestro idioma y de la vida senegalesa. Esto redirige la conversación hacia manifestaciones políticas de rectitud y la búsqueda de chivos expiatorios en la comunidad y la aleja de las personas reales, con familias reales, sueños reales y verdaderas contribuciones a la sociedad. La retórica de odio reduce la dignidad humana y da el poder de determinar quién la recibe y quién otorga o deniega la sexualidad de una persona. ¿Por qué es tan difícil aceptar que alguien puede amar a una persona del mismo género sin tener que estar influenciado por fuentes externas? Culpar al mundo occidental es simplemente una manera de ignorar la realidad. Ni siquiera la sociedad occidental puede crearnos. ¡Ellos nos encontraron aquí e intentaron borrarnos! Hemos existido aquí por generaciones y estamos aquí para decirles: existimos en esta sociedad, como hijos de Dios, como el resto del mundo.
Las armas coloniales que nos siguen amenazando
La sociedad senegalesa nos ha marcado, nos ha convertido en un blanco, pidiendo nuestra sangre y exigiendo nuestra muerte como personas gays, lesbianas, trans y queer. La agitación social y política en contra de nosotros, los queer senegaleses, es tan dura que cualquiera pensaría que le hemos robado algo a nuestra comunidad con nuestra simple existencia.
Sin embargo, Senegal y otras partes de África tienen una larga historia de políticas de marginación social y de condenas que buscan meter a la fuerza a las personas dentro de una conformidad normativa. Este proceso comenzó con la lógica colonial de «civilizar» África. Los intentos coloniales de quitar la africanidad a los africanos fueron un proceso cultural marcado profundamente por el género y se alteró la propia manera en la que conocíamos el género como un saber diverso, vivido, amado, expresado y transmitido a través del tiempo y del espacio. Los intentos de eliminar las maneras africanas de ser incluían la criminalización y la reconfiguración social de lo que se veía como «sexualidad aceptada».
Deshacer nuestras formas diversas de existir y de los acuerdos sociales de coexistencia era una de las principales herramientas para desestabilizar la cohesión social de África y un proyecto complementario a la destrucción económica y política. Estas armas todavía se utilizan en nuestra contra más allá de Senegal, con más de 30 países africanos que criminalizan la existencia queer. Los colonizadores enseñaron a los africanos que la heterosexualidad era la única manera «natural» de ser y amar.
A pesar de lo que las diversas culturas africanas han practicado anteriormente y lo que nuestra espiritualidad nos dice, los nuevos estados africanos poscoloniales institucionalizaron este borrado de la diversidad de género y continúan castigando a personas y a todo lo que sea diferente, negándose a descolonizarse. Entonces, la sanción por «promover la homosexualidad» debería verse como lo que es: una continuación colonial de un ejercicio de injusticia epistémica e intentos de criminalizar los distintos puntos de vista del conocimiento y la concienciación pública. Es tanto una cuestión de exigencia de muerte para las vidas queer como de la muerte de las costumbres africanas de saber y de ser.

Una pareja africana queer. Imagen: © Anete Lusina en Pexel
La fragilidad de las culturas violentas
Aquellos que apoyan las leyes de antihomosexualidad dicen que estas protegen la cultura, la tradición y la religión senegalesas, asumiendo que las personas queer no existían y que su presencia es una amenaza para la cultura. Sin embargo, cualquier cultura que se destruya por el simple reconocimiento de su propia gente nunca fue una cultura como tal, sino una de odio. La nueva ley nos empuja aún más a escondernos, pero también amenaza a los activistas, abogados, periodistas y todos aquellos profesionales que alzan la voz para defender a las personas queer o a aquellas acusadas por la ley, la cual hace avanzar la cultura de la represión de opiniones distintas.
La movilización actual de la religión, cultura y tradición para dar forma a los imaginarios de las personas para que se ajusten a quiénes se debe amar y a quiénes no trae consigo unas repercusiones graves para nosotros como nación. Forzar a que personas no cisheterosexuales se casen es una sanción tanto para los queer, como para la sociedad misma. Esta cultura fingida ofrece la formación de falsas relaciones heterosexuales románticas y matrimonios como la única alternativa a la muerte.
Las personas queer prosperan cuando se encuentran y construyen espacios seguros lejos de una sociedad que les juzga. Con estas movilizaciones renovadas hemos visto cómo se señalan comunidades y se les denomina como grupos criminales. La misma sociedad que ha empujado a personas a ser marginadas las castiga por construir una vida en ella. En este ambiente de renovada violencia socialmente sancionada, vivir escondidos cuesta cada vez más. Ahora se ha complicado más para las personas queer permanecer siempre en alerta y pensar dos veces en cada palabra, cada gesto y cada expresión solo para mantenerse a salvo. Además, conseguir acceso a atención sanitaria es casi imposible, ya que la ley castiga la «promoción» de la homosexualidad, lo que no hace que nuestras comunidades sean más seguras.
Para algunos, irse de Senegal es la única opción, pero incluso eso es un lujo que no todos pueden permitirse. No todo el mundo puede irse y no deberíamos tener que escapar de nuestra propia tierra. Las personas LGTBQ+ de Senegal que sí migran suelen describir un sentimiento doloroso de alivio al ser finalmente libres para respirar, pero con la consecuencia de estar aislados de sus familias, su lengua, su cultura y su hogar.
Las personas LGTBQ+ de Senegal no somos simples símbolos ni temas de conversación. Somos tus hijos, primos, estudiantes, trabajadores, vecinos, médicos y, sí, tus famosos favoritos. Existimos dentro de la sociedad senegalesa, incluso cuando ella misma pretende que no. La conclusión es bastante simple: queremos vivir con dignidad en nuestro propio país. Ninguna ley puede impedirnos amarnos entre nosotros ni vivir nuestra verdad.
Redactado por una voz senegalesa queer, anónima por cuestión de seguridad, pero que desafía el borrado sistemático.
Artículo: © Africanfeminism