Ofensiva yihadista en Mali. Bamako resiste bajo presión

Andrea Chamorro González

El 25 de abril, diversas regiones de Mali fueron escenario de una ofensiva coordinada lanzada por el Frente de Liberación de Azawad y Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), afiliado a Al Qaeda en el Sahel. Estos ataques tuvieron lugar en puntos estratégicos para el Gobierno maliense, como la propia capital, Bamako, Sévaré, Kati, Kidal y Gao. Ese mismo día, el grupo JNIM reivindicó los ataques y declaró tener el control de la mayor parte de Gao y Kidal. Sin embargo, los reportes de enfrentamientos por el control de Kidal siguieron produciéndose el domingo. Esta ciudad posee un enorme significado simbólico por ser uno de los territorios más disputados entre el Gobierno maliense y grupos armados de diversa índole. Por el momento, el Gobierno maliense asegura que la situación se encuentra bajo control, pero se ha instalado un toque de queda y el número de muertos y heridos sigue sin conocerse.

El punto central de estos enfrentamientos ha sido la muerte del ministro de Defensa Sadio Camara en el ataque a su domicilio en Kati mediante un coche bomba y un posterior tiroteo. Durante el primer día de los enfrentamientos se desconocía su paradero, pero al observar los vídeos del estado en el que había quedado su casa tras la explosión hacían temer el peor de los desenlaces. De acuerdo con los comunicados del Gobierno maliense, el ministro de Defensa falleció en el hospital.

El presidente de la transición, el coronel Assimi Goita, realizó su aparición dos días después en una reunión con el embajador ruso y en una visita a los heridos y a la familia del fallecido ministro de Defensa. El día 28, el presidente se dirigía a la nación para hablar de que se lograría alcanzar la victoria. No hubo renuncias, hacerlo en mitad de un ataque sería desventajoso a nivel estratégico. Sin embargo, la imagen del presidente no hace más que empeorar.

Los grupos armados implicados poseen un largo recorrido en el conflicto maliense que comenzó en el año 2012 con la proclamación de la independencia del norte de Mali bajo el Estado de Azawad. Esta fue realizada por grupos tuareg y grupos yihadistas, pero esta situación no duró mucho debido a enfrentamientos entre ellos por diferencias de opinión sobre la aplicación de la sharia, la ley islámica. La pérdida de control del norte del país derivó en el despliegue de la Operación Serval y la Misión de Apoyo a Mali. Tras eso, los grupos tuareg y yihadistas fueron evolucionando mediante alianzas, fusiones y desapariciones.

El Frente de Liberación de Azawad y Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes y JNIM, por sus siglas) son fruto de esos primeros grupos armados. El Frente de Liberación de Azawad se creó en 2024 respondiendo a necesidades de organización dentro del amplio número de grupos independentistas que operan en Azawad y cuyo objetivo es la independencia del norte del país bajo su administración. El JNIM se fundó en 2017 como una alianza entre distintos grupos yihadistas leales a Al Qaeda como una manera de unir fuerzas frente a la competencia de grupos leales al Estado Islámico. Estos grupos han conseguido poner en jaque a los sucesivos gobiernos malienses y a las distintas misiones de seguridad internacionales. A finales de 2025, el JNIM impuso un bloqueo a Bamako, la capital del país, a productos de primera necesidad y en especial a la gasolina. Las colas en las gasolineras se eternizaban y se tuvieron que cerrar colegios y universidades ante la falta de suministro eléctrico. Aunque se vaticinaba la caída de Bamako como una suerte de Kabul africano, esta no ocurrió, pero la capital continuó teniendo importantes problemas de suministros. Tras los ataques, el JNIM ha reanudado su bloqueo a la capital, ya que varias carreteras se encuentran cortadas o con acceso restringido, como es el caso del eje Bamako-Kéniéba.

El actual Gobierno maliense llegó al poder tras el golpe de Estado en 2021 y legitimó su actuación por la incapacidad del ejecutivo de Ibrahim Boubacar Keita para llevar la estabilidad al país. Desde el año 2012 Mali ha sido escenario de conflictos de carácter separatista y yihadista a los que no se ha logrado dar una salida pacífica. La llegada de la junta militar al poder también supuso un cambio de alianzas internacionales en el que Rusia tomó el papel protagonista. Los años han transcurrido, y la transición en el país no ha llegado, y en 2025 el actual presidente Assimi Goita anunciaba su intención de permanecer en el poder hasta 2030. La imagen de los aliados del gobierno, los rusos de Africa Corps, también ha sufrido un golpe importante ya que a pesar de la utilización de los bombardeos y la utilización de helicópteros se han perdido ciudades clave como Kidal. El cambio de aliados internacionales se mostró como una de las fórmulas para acabar con la inseguridad en Mali de forma definitiva y en estos años, a pesar de que hubo pequeñas victorias, la situación ha empeorado.

El ejército maliense y sus aliados de Africa Corps se movilizaron rápidamente para tratar de contener el ataque. Sin embargo, estos ya arrastraban dificultades en su movilización con motivo del bloqueo de suministros.

Desde países vecinos y organizaciones internacionales se han condenado los ataques y apoyado al Gobierno maliense. Sin embargo, los otros países de la Alianza de Estados del Sahel, Burkina Faso y Níger han condenado lo sucedido pero hasta el momento no se conocen movimientos de apoyo sobre el terreno. En otros contextos sí que se ha dado, como en el contexto del bloqueo a Mali, Níger colaboró en la apertura de rutas alternativas.

Las actuaciones de los grupos armados presentes en Mali no solo han continuado, sino que han escalado tanto en número como en su gravedad. Su capacidad de coordinar ataques simultáneos sobre enclaves estratégicos muestra un grado de planificación que va más allá de los marcos tradicionales de insurgencia en el Sahel. Esto hace que el Estado maliense se encuentre en una posición reactiva posición reactiva basada en contraatacar cuando ocurren estos focos de conflicto.

A su vez, esto pone en entredicho el modelo securitario implementado por Bamako. La apuesta por un modelo predominantemente militar no ha sido eficaz a la hora de frenar la expansión de los grupos armados y surge la pregunta sobre su sostenibilidad a largo plazo. La generación de descontento y la erosión de las instituciones puede ser utilizado por los grupos armados para aumentar su capacidad.

Todo esto adquiere una dimensión mayor teniendo en cuenta la posición estratégica de Mali. Debido a su posición como eje central del Sahel, su inestabilidad afecta a toda la región.

Autora: Andrea Chamorro González

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